Cultura

25 años para el arte

Afincado desde hace 8 años en Madrid, llega al cuarto de siglo de galerismo / Conserva intacta la vocación del primer día: ofrecer reflexión desde el arte sobre lo que pasa en el mundo

14.02.2021 | 00:22
Imagen de la exposición actual de MPA en Madrid. Foto: Galería MPA

Empezó en el galerismo "de una manera casual y fortuita". Nunca se le había pasado por la cabeza ejercer esta profesión. "Ahora es una más, pero hace 25 años no sonaba tanto, y menos en Pamplona", dice hoy un Moisés Pérez de Albéniz igual de ilusionado con su quehacer que el primer día. El galerista navarro, que resiste y celebra 25 años en su profesión y 8 ejerciéndola en Madrid, conserva intacta la vocación del primer día: ofrecer reflexión sobre el mundo a través del arte.

Una vocación que tiene su origen en el interés que le transmitió su padre por el arte. Su padre, que pintaba y se ganaba la vida como dibujante de publicidad, y a quien Moisés recuerda "trabajando tarde y noche en su mesa de dibujo con el aerógrafo casero y la luz azul de su bombilla", y, en los años en que veraneaban en Donostia, "madrugando cada mañana para ir a pintar al puerto, al Monte Urgull o al Monte Igueldo. Sobre las 10 de la mañana le buscaba para llevarle el bocadillo y acompañarle hasta que volvíamos juntos a casa", cuenta hoy su hijo, el galerista que empezó trabajando como decorador tras formarse en ese ámbito. La aventura de Pérez de Albéniz como galerista comenzó en 1996, cuando recibió la propuesta, de parte de unos conocidos que regentaban la Galería Lekune de la calle Bergamín y que decidieron dar por finalizado su proyecto, de dirigir ese espacio artístico. Se quedó "estupefacto", pero dudó una sola vez y actuó. "Me lancé, dándome un plazo de dos años para ver si sabía llevar una galería o no", cuenta.

Y así comenzó su proyecto de "contrastar el arte que se hace en el mundo", poniendo en relación a Navarra y la CAV con el resto del Estado y el panorama internacional. Fernando Pagola fue el primero en exponer en Lekune, que en sus inicios exhibió obra de artistas consagrados como Scully, Chillida, Tàpies, Broto, Plensa o Hernández Pijuan y de otros que por entonces ya apuntaban maneras y hoy son referencias indispensables del arte contemporáneo en el Estado como Pello Irazu, Txuspo Poyo o Txomin Badiola. Sin olvidar a autores navarros como Javier Balda, Florencio Alonso o Ángel Bados. Pérez de Albéniz indagó en un terreno inexplorado, al detectar "la falta de dedicación en ese momento de galerías vascas a sus propios artistas". Ahí se volcó, y "nos instalamos todos, creadores y galerista, en un espacio artístico en el cual contábamos, tanto a nivel estatal como internacional".

En mayo de 1999, con una exposición de escultura de Francisco Leiro, el local de Bergamín echó el cierre y Lekune se instaló provisionalmente en el Palacio de Arazuri. Ese fue, también, el primer año en que la galería fue admitida para participar en Arco. "Eso nos dio la posibilidad de ir a otras ferias de todos los continentes. Y ahí empezó esa idea de que se me conocía más fuera de mi tierra que en mi Pamplona natal", cuenta el galerista, apuntando que eso él "ya lo sabía" y nunca ha sido motivo de queja. "También empezaron los apoyos de ciertas personas interesadas en el arte contemporáneo en Pamplona, y de hecho a día de hoy seguimos teniendo muy buena relación con ese público, tanto visitante como comprador, que hemos tenido en Pamplona", afirma.

Tras la época de transición en el Palacio de Arazuri, en 2001 la galería se trasladó a su ubicación definitiva en la calle Larrabide y con el nombre de su impulsor. Desde ese momento, fue un lugar versátil y multidisciplina, siempre atento a las tendencias del arte contemporáneo. "Se generó un momento en Pamplona con la galería que si querías ver algo interesante, podía ocurrir allí, primero en Bergamín y luego en la calle Larrabide", destaca Moisés Pérez de Albéniz, recordando que a su galería de Pamplona se desplazaba "gente interesada desde muy lejos, clientes de Estados Unidos que veían las exposiciones y a los que les preparábamos luego un itinerario muy diferente, bien por el Románico navarro, por el Guggenheim o por Tabakalera de Donostia".

"Creo que hicimos un buen trabajo con fuertes apoyos, pero llegó la crisis de 2008, que afectó de una manera bestial a todo comercio en cualquier tesitura. Cantidad de sitios cerraron. Yo ya antes, en 2004, había pensado en trasladarme a Madrid, sin cerrar Pamplona, pero entonces estábamos en plena burbuja inmobiliaria y los precios eran inasumibles. Y menos mal que no tomé esa decisión, porque si no la crisis de 2008 me habría golpeado fuerte", reflexiona ahora.

"estaba abocado al cierre" En las crisis, Pérez de Albéniz ve también "oportunidades", y la de 2008 le hizo darse cuenta de que "en Pamplona estaba abocado al cierre". "Vi que la posibilidad de seguir en mi ciudad no existía ni para mí ni para mis artistas, porque hacer exposiciones sin tener una repercusión mínima, tanto mediática como de ventas, me parecía como engañar a los artistas", señala. Además, con la crisis se notó un bajón tremendo en cuanto a interés del público por el arte contemporáneo. "Mi público principalmente lo forman colectivos de empresarios y de profesionales liberales a los que les iban muy mal en ese momento, con muchos de sus negocios abocados al cierre, por lo tanto la cosa no pintaba nada bien".

rumbo a madridAsí que, con las secuelas de la crisis muy vivas, el galerista navarro tomó la decisión de trasladarse a Madrid a principios de 2013. Allí, en la calle Doctor Fourquet, comenzó a levantar un nuevo proyecto de galería que, además de ser espacio de exhibición, es generador de actividades multidisciplinares, de charlas, presentaciones, conferencias, encuentros con los artistas..., y que se complementa con un local en Marqués de Ahumada que es gran almacén y espacio showroom no abierto al público general pero sí previa cita.

"En Madrid tuve que abandonar ciertas fórmulas que en Pamplona podía hacer; el gusto de la gente, de un público nuevo, más diverso, me obligaba a cambiar de proyecto, a empezar uno nuevo de una mayor globalidad", cuenta.

En estos ocho años ha ido construyéndolo, y ahí sigue, bien encaminado para lograr esa expansión que hasta ahora la ha hecho siempre en ferias y, desde 2018, está forjándola junto a su equipo con locales propios para proyectos temporales en Nueva York y Londres. "Las ferias tienen un efecto muy fuerte sobre las galerías, en un doble sentido: tienes que trabajar mucho y hacer una buena programación para que te admitan, y una vez que te admiten, tienes que sufragar un coste elevadísimo. Te instalan en una situación del mundo del arte en la que está muy bien estar, pero a veces igual no somos tan potentes económicamente hablando para jugar en esa liga", reconoce el galerista navarro, apuntando en este sentido que "hay ya en el mundo del arte galerías que son multinacionales, y nosotros queremos seguir manteniendo una identidad de preocupación por el arte. Nunca he querido ser una multinacional. Nunca ha sido mi interés el tener aquí socios capitalistas que acaben dirigiendo el programa. No es mi ambición. Mi ambición en el mundo del arte es adquirir cada vez más conocimiento, hacer cada vez mejores exposiciones y que mis artistas por supuesto puedan vivir de su trabajo. Y a partir de ahí, disfrutar con lo que hacemos. En la vida eso me parece importantísimo, disfrutar con lo que uno hace. Pero sí es cierto que esas grandes multinaciones del arte tienen un peso muy muy fuerte en el mercado, y nosotros no accedemos a ese tipo de clientes. No lo digo con pena, pero es así. Jugar en esa liga es muy caro. Y conozco mis limitaciones. Crecer implicaría vender parte de mi proyecto, y no quiero hacerlo", reconoce.

Lo que desea es que su proyecto de galería se estabilice en el tiempo. "Tengo aquí a muchas personas que están trabajando mucho en la galería, entre ellas un hijo mío, y para mí es más gratificante ver la continuidad del proyecto que hacer otro tipo de esfuerzos a los que no les veo futuro".

Entre los artistas que le acompañan en este "viaje empírico" al que ha dedicado su vida se encuentran los navarros Ángel Bados, Miren Doiz, Carlos Irijalba, Fermin Jimenez Landa y Alfonso Ascunce –este último llevará a cabo su primera colaboración con Moisés Pérez de Albéniz a finales de este mes, en el estand que montará el galerista con motivo de las fechas en que debería celebrarse la 40ª edición de Arco, feria que se ha pospuesto a julio–. Otros creadores a los que representa su galería son Dennis Adams, Basurama, Johanna Calle, Victoria Civera, Willie Doherty, Alejandro S. Garrido, Santiago Giralda, Cameron Jamie, Jason Kraus, Antoni Miralda, Guillermo Mora, Antoni Muntadas, Nico Munuera, Itziar Okariz, Nicolás Ortigosa, Tony Oursler, Jorge Queiroz, Juan Ugalde y Juan Uslé.

Junto a ellos, el galerista navarro seguirá en su empeño y su vocación: "A mí me interesa lo que pasa en el mundo, y por ello, desde mi profesión quiero ofrecer reflexión". Tratando a través del arte temas sociales, políticos, económicos, de género..., todo tipo de cuestiones que nos afectan. "Y eso yo creo que es mucho, muchísimo, en una sociedad en que la mediocridad es ya casi un sistema que nos controla", opina. Pérez de Albéniz cree "firmemente" que el arte y la cultura son un antídoto contra esa mediocridad. Y que "ver el mundo a través del arte tiene una gran recompensa en el conocimiento, en la intelectualidad de las personas".