Música

Una orquesta íntima y pacífica

12.02.2022 | 01:26

navarra ensemble

Director: Santiago Blanco Cabaleiro. Programa: Andante Festivo de Sibelius. Serenata para cuerdas de Elgar. Entr'acte de Carolina Shaw. Suite de Parot de Vanesa Garde. Programación: Ayuntamiento de Pamplona. Lugar: Civivox Condestable. Fecha: 7 de febrero de 2022. Público: Lleno (entrada libre).

La orquesta de cámara Navarra Ensemble, se presenta en el ciclo Pamplona Acción Musical del Ayuntamiento, con un orgánico de doble cuarteto (con contrabajo); es lo mínimo, pero la acústica del pequeño auditorio del Condestable, les favorece; la sala se llena de una envoltura musical acogedora; con un sonido que nos lleva a la plenitud cuando la regulación se abre, y al detalle, cuando los diversos instrumentos toman protagonismo. Como bien decía Claudio Obbado, al crear su orquesta Mahler Chamber: todo se basa en escuchar al vecino. Es fundamental, en la música de cámara, la connivencia íntima, la misma respiración, la compenetración, –y cesión–, del individuo al grupo. En este Ensemble navarro, la cosa funciona. En general, el sonido de la tarde fue de gran fluidez y transparencia; pero, a la vez, con la suficiente densidad como para que el programa ofrecido, –que habitualmente lo escuchamos con más efectivos– nos llegara con todos sus contrastes de regulación, en una tarde que fue, musicalmente de ambiente sosegado, tranquilo y algo melancólico; una prerrogativa de la cuerda, cuando se pone lírica. Solo perturbada por la interesante partitura de la norteamericana Carolina Shaw. El titular, Santiago Blanco –curiosamente curtido en el viento metal– dirige cuidando al máximo la belleza y delicadeza del sonido.

Tanto el Andante Festivo de Sibelius, como la Serenata de Elgar, se movieron en el sonido algodonoso, bien equilibrado entre las cuatro familias cordales, afinado, con un empaste redondo, un tempo que lo hacía todo un tanto elegante, y con una dirección basada en el rubato (o sea la libre medida), más que la imposición de un machacón compás. En el Andante –un adagio apaciguado–, quizás al contrabajo le cuesta un poco acoplarse al resto de la sonoridad, y eso que el bajista fue sumamente cuidadoso. En la serenata de Elgar, está bien llevado el impulso que surge de la relación piano-fuerte. Es muy bello el sonido de segundos violines con sordina, en el larghetto; y la cuerda grave cimienta bien la viersión. Entr'acte de C. Shaw, es una obra que, aunque recurre a sonoridades extrañas, se sigue muy bien, porque siempre vuelve a la tonalidad, a la cita del Haydn que la inspiró. Hay roces superficiales de las cuerdas, como un eco agónico y distorsionado que responde al tema reconocible y repetido. Se araña el mástil, hay efectos de quejidos, etc., pero todo se acaba asimilando la idea global, llevando al oyente a una clara comprensión. La orquesta muestra disciplina en el tramo de pizzicato, aunque, aquí, la cantidad de efectivos influye más en el resultado.

Se cierra la velada con la compositora navarra, –(Villafranca)–, Vanesa Garde, y una suite de la música compuesta para la serie de televisión Parot. Cumple Garde con los requisitos que suelen emanar de la pantalla. Coqueteo, su primer movimiento, tiene un tema un tanto obsesivo, en viola y violín, bello y con final algo oscuro. El segundo, Flashback es de innegable poder evocador; de un lirismo tranquilo. El tercero, Lago, nos descubre un tema que el chelo repite y traspasa al resto; logra, sin duda, una densidad sonora, que, realmente, llena la pantalla. Los cálidos aplausos propiciaron dos propinas: Andante cuasi recitativo de Elfrida Andrée (Suecia 1841-1929); y un allegro de Camilla de Rossi (Italia 1670-1725). Navarra Ensemble, se apunta, así, al redescubrimiento de mujeres compositoras.

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