Dos conciertos sinfónicos seguidos nos abruman un poco, y atoran el espacio de la prensa escrita, así que vamos a resumir. A la Sinfónica de Navarra, vuelve el arpista X. Maistre, le recordamos de su anterior programa (DN. 18-10-2016) con detalles muy contemporáneos para el arpa (Ginastera). Hoy con el desconocido, para la mayoría, R. Gliére, un tardo-romántico muy agradable de escuchar (al estilo de Rachmaninov).
Se abre, su concierto para arpa, con oleadas –casi fílmicas– de la orquesta, con un tema potente donde el arpa se complace en recorridos glisandi, y delicados punteos en la zona aguda, un poco tapados por la orquesta, por cierto. Las variaciones del segundo movimiento se me quedan un poco cortas, –de composición–, para la maestría de Maistre, parece que no sacan todo el potencial que tiene el arpista, aún así, son deliciosos los tramos en pianísimo, tanto en la orquesta, como en el arpa. El tercero, muy cantarín, es bellísimo cuando Maistre saca ese sonido de yemas más que de uñas. El arpista francés sigue siendo admirable en su manejo de la fortaleza y la delicadeza extremas. De propina: El carnaval de Venecia, del arpista belga Félix Godefroid, que tanto han popularizado, también, los violinistas (Paganini).
Orquesta Sinfónica de Navarra
Javier de Maistre, arpa. Delyana Lazarova, dirección. Obras de Caroline Shaw (1982), Reinhold Gliére (1875-1956), y Mendelssohn. // Euskadiko Orkestra. Johannes Moser, violonchelo. Riccardo Frizza, dirección. Obras de Vivaldi, Sorozábal y Bizet (fragmentos corales). Robert Schumann y Respighi. Baluarte. 12 y 13 de marzo de 2026, respectivamente.
Abría la velada Caroline Shaw con su Entr’acte: una partitura que se escucha bien, con una cuerda poderosa que amalgama una sólida sonoridad que acaba deshilachándose. Un ostinato minimalista la fundamenta a veces. Me resultó atractiva, curiosa. Delyana Lazarova, la titular de la velada, traza una más que correcta sinfonía Italiana de Mendelssohn (fácil de escuchar, difícil de ejecutar). 1.- Tempo apropiado, con sensación de ligereza. 2.- Muy claro todo: polifónicas las familias orquestales, bien calzado el continuo de cuerda grave (contrabajos), con matices en piano hermosos. El final, con mandato tan ligado, siempre tiende a emborronar un poco. Pero es una sinfonía tan bonita, en todos los sentidos, que siempre es una fiesta.
Euskadiko orkestra
Si para Mendelssohn Italia era la tierra que dispensa la felicidad, no digamos los paseos por Roma para Respighi. A Riccardo Frizza, el director del concierto, le recuerdo del foso de la ABAO, y, sobre todo, de la excelente Donna del Lago de Rossini que dirigió al Orfeón Pamplonés. Gran director de ópera, hoy nos ha ofrecido una de las mejores (si no la mejor) versiones que he escuchado de Las Fuentes y los Pinos de Roma. Espectacular, sí, pero cuidada hasta el detalle, y con el dominio ejemplar de la fanfarria –abundante y luminosa– para que brille pero no avasalle al resto.
El acierto es dar con el tempo y aplicarlo a cada paisaje; no sé si se puede superar el pasaje sombrío de las catacumbas: tempo lento, empaste de grandeza arbórea, plegaria, emoción, plenitud de los violonchelos y toda la cuerda, magníficos clarinete y trompeta en of… Y la majestuosidad de la Vía Apia: tan controlado lo que parece inabarcable, y tan grandioso. Otro protagonista fue el violonchelista J. Moser, asiduo de la orquesta, que bordó el concierto de Schumann: gran sonoridad, profundos y pastosos graves, portamentos expresivos sin abusar, respeto de la orquesta, y un tempo lento que interpreta parsimoniosamente, gustándose.
Y el tercer protagonista –el primero en intervenir– fue el coro de la Abestu Euskadiko Orkestrarekin, que salió muy airoso, incluso del difícil fragmento de Carmen Les voici (Coro Easo, al fondo). Les animo a que se apunten a uno de los muchos coros que hay en el País Vasco y Navarra. Cantar en un coro es una experiencia única. l