'Muskoko', identidad roncalesa hecha arte en el Horno
La artista natural de Isaba Leyre Arraiza reinterpreta en la sala circular de la Ciudadela las prendas y el sentido del tradicional traje de roncalesa
El traje tradicional de roncalesa, que en sí mismo es puro arte, inspira la primera exposición individual en Pamplona de la artista Leyre Arraiza (Isaba, 1997), Muskoko.
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“Una oda al traje de roncalesa desde la escultura”, tal y como la define la propia autora, que puede visitarse en el Horno de la Ciudadela hasta el 28 de junio.
Una búsqueda sin espejos
El título, Muskoko, hace referencia a un elemento del traje de roncalesa, “esa borlita que se coloca en el centro de la mantilla y que señalaba el centro del traje en una época en la que no había espejos”, dice Leyre Arraiza.
“Cuando me puse a buscar información sobre mis raíces y sobre mi propio traje, me atrajo mucho lo que evoca ese elemento, esa búsqueda hacia adentro, esa búsqueda de la belleza y del centro de una misma sin espejos, desde otro punto”, cuenta la artista, que renunció a la mantilla cuando su madre y su abuela le hicieron su traje de roncalesa porque tenía que tener “los brazos libres”. Libres para crear, para bailar con las piezas que alumbra. Libres para ser.
“No llevar mantilla es querer bailar siempre”, confiesa, en contraposición al lenguaje del propio traje, donde cada prenda tiene un significado y su posición y uso un sentido concreto. Precisamente, Arraiza juega con el muskoko, que es un elemento para evitar el espejo y un lenguaje para encontrar el centro, pero también es otra forma de mirar y de atravesar, tal y como ella misma describe.
Abuela y bisabuela, motores creativos
Arraiza asegura que el motor de esta exposición, en la que la calidez de la madera recalca la vinculación que ha tenido en el pasado el valle de la artista con este material, ha sido su abuela. Y su bisabuela, Higinia, que como tantas otras mujeres pirenaicas, fue golondrina y a principios del siglo XX cruzaba en otoño el Pirineo en busca de trabajo y sustento para la familia en la industria de la alpargata en Mauleón.
De allí “traía telas súper bonitas para los trajes de roncalesa” cuyas texturas ha querido poner en valor su bisnieta en la instalación del Horno.
“Cuando te vas de tu lugar de origen pones mucho más en valor de dónde vienes”
Leyre Arraiza considera esta sala de la Ciudadela “un espacio muy especial, su sonoridad es muy particular, en sí mismo es un círculo, y el círculo o la circunferencia está muy presente en mi obra”, cuenta. Aquí está en nueve piezas de madera que se apoyan en la pared, en el perímetro del Horno, y cuya sucesión evoca un movimiento del círculo, “casi como un bailar que hace referencia a las danzas roncalesas, a ese ttun ttunque bordea toda la plaza”, dice la creadora, que ha bailado con estas obras, ha atravesado todos sus círculos generando espacios, adentrándose en ellos, porque le gusta “estar” en sus esculturas y “atravesarlas, acariciarlas, tratarlas”. Jugar con ellas y, a través de ellas, proponer otras formas de mirar, de bailar, de ser y estar: “siempre digo que hago cosas escala Leyre, piezas con las que yo pueda y que no puedan conmigo”.
En el centro de la sala luce una mesa camilla invertida, con una tela apartada a modo de mantel; una pieza que evoca “esos encuentros que se hacían alrededor de la mesa en los pueblos momentos antes de vestirte con el traje tradicional”. Junto a estas obras, hay en Muskoko pequeñas piezas de suelo, que emergen como pequeños nenúfares o plantas e invitan a acercarse para apreciar los detalles, el tratamiento de las telas... “Evocan el imaginario de la golondrina”, dice Leyre Arraiza.
La pieza de mayor tamaño de la exposición es una escultura que construye un imaginario de casa –que proyecta una sombra que nos lleva al hogar– de la que, como un pequeño ramo, cuelga el Muskoko que da nombre a la muestra.
Vuelta al origen
Arraiza, que está afincada en Bilbao, reconoce que “cuando te vas de tu lugar de origen pones mucho más en valor de dónde vienes; y ahora que el mundo está tan loco, apetece poner el acento en eso, en de dónde venimos, o por lo menos a mí me apetecerecordarlo”.
En referencia a esa búsqueda de belleza interior a la que le ha llevado el muskoko, esa evocadora borla de la mantilla de roncalesa, apunta que se vuelve más importante “ahora que estamos todos tan expuestos, con tanto vídeo, tanta cámara... de repente ves un elemento que es una señal de belleza hacia ti misma y hacia adentro. Me gusta eso de buscarte hacia ti, y no hacia los demás”.
La artista
Graduada en Arte y máster en Investigación y Creación en Arte Contemporáneo por la Universidad del País Vasco - EHU, Leyre Arraiza apuesta por la escultura, con aires de arquitectura, para mostrar sus inquietudes artísticas.
Su práctica explora el habitar y las relaciones entre espacio y cuerpo desde la cotidianidad del paisaje.
Ha exhibido sus obras en muestras colectivas e individuales en el Centro Huarte, la Sala Rekalde o el Centro Cultural Montehermoso, y ha sido reconocida con premios y becas como Ertibil Bizkaia, el Premio Artista Joven de Navarra y estancia en la Fundación BilbaoArte.
Forma parte del colectivo Herética(s), con el que desarrolla proyectos de performance e investigación escénica desde 2023, colaborando en festivales y espacios como Bulegoa z/b, Rekalde Lanean, Er emuak e Inmersiones Gasteiz.