Síguenos en redes sociales:

Música

Loquillo, imprimiendo su propia leyenda

Fotos del concierto de Loquillo en el Navarra ArenaJavier Bergasa

15

Abrieron la noche los Ciclonautas. Es de suponer que la cita sería especial para ellos, especialmente para su batería, Alen Ayerdi, que en el libreto del primer disco de Marea aparecía con una camiseta de Loquillo. Mucho ha llovido desde entonces, y obviando la trayectoria triunfal con su banda madre, el de Berriozar, junto a Mai y Txo, ha logrado también consolidar el proyecto de Ciclonautas, que cuenta ya con cuatro discos y varios cientos de conciertos en su haber. En 2025 publicaron su último álbum, Ecdisis, y se pasaron todo el año pasado presentándolo en directo. El trío sabe que atraviesa un momento extremadamente dulce y quiere prolongarlo en el tiempo. Hace bien. Es una gozada escucharlos tocar, sin fallos ni titubeos, su rock fiero con pinceladas de stoner, en cortes como Mi espacio sideral, Banderas negras, Que corra el aire o Bienvenidos los muertos, en la que contaron con la voz de su compadre Kutxi Romero.

Apareció en escena después Loquillo, rodeado de su magnífica banda y dispuesto a presentar su último álbum, Corazones legendarios. El título, tomado de su admirado Lou Reed, le viene que ni pintado al catalán. Decían en una peli que, a buen seguro, estará entre sus favoritas, que cuando la leyenda se convierte en realidad, uno debe imprimir siempre la leyenda. Y el Loco, que siempre ha tenido un aire al hombre que mató a Liberty Valance (ya saben, feo, fuerte y formal, aunque esa no la tocó hasta los bises), salió dispuesto a seguir imprimiendo su propia leyenda. En las calles de Madrid fue la primera en sonar. Le siguieron Línea clara y María. El artista había salido concentrado y pleno de energía; su banda, como siempre, derrochaba potencia y actitud. Añadan a eso un repertorio plagado de clásicos y el resultado no podía haber sido otro que el que fue: un concierto arrollador.

Concierto de Ciclonautas y Loquillo

Fecha: 08/05/2026.

Lugar: Navarra Arena.

Incidencias: Unas cuatro mil personas.

Actuó primero la banda navarra Ciclonautas, formada por Mai Medina (voz y guitarra), Javier “Txo” Pintor (bajo y coros) y Alén Ayerdi (batería y coros). A Loquillo (José María Sanz, voz), le acompañaron: Josu García (guitarra), Igor Paskual (guitarra), Germán San Martín (teclados), Dani Herrero (saxo), Alfonso Alcalá (bajo), Laurent Castagnet (batería).

No había mucha parafernalia sobre el escenario, solo seis tipos tocando sus instrumentos y un front man que, a sus 65 años, sigue dominando todos los recursos escénicos. Loquillo estuvo muy bien de voz y ofreció un sinfín de poses altivas, bailes pintones y gestos chulescos marca de la casa. Él fue el centro del espectáculo. Él y sus canciones, claro. No hubo columnas de humo, confeti ni fútiles trucos de pirotecnia, y nadie echó de menos semejante fruslería. Tampoco habló entre tema y tema, ni tan siquiera para tronar un mísero “¡Ese es mi bistec, Valance!”. Eso sí: mostró su agradecimiento a la Clínica Universidad de Navarra por salvarle la vida hace unos meses, cuanto tuvo un problema cardíaco, así como a los músicos navarros que tan bien le habían acogido: el equipo de El Dromedario Records, Alen Ayerdi, Kutxi Romero... Este último cantó con él Los buscadores, todavía al principio del show. A su término, prosiguieron con la inconmensurable colección de éxitos grabados a fuego en la memoria colectiva de varias generaciones. Y ese es otro aspecto a destacar: en el Navarra Arena había público de todas las edades: de niños a abuelos, pasando por adolescentes, jóvenes y maduritos/as más o menos interesantes.

Destacaron, por citar, la desenfadada Sonríe, la majestuosa Cruzando el paraíso (con recuerdo a Johnny Hallyday), o El rompeolas, que interpretó con pitillo entre los labios. Dedicó a su amigo Jorge Martínez (de Ilegales) Rock suave, que tuvo un final espeluznante con las guitarras letales de Iosu e Igor. La traca final, como se ha dicho, no consistió en fuegos artificiales, sino en un racimo de canciones incendiarias: Carne para linda, interpretada desde el foso; Rey del glam, original de Alaska & Dinarama, pero que le queda como anillo al dedo; La mataré, afilada navaja rumbera rasgando la noche pamplonesa; y Cadillac solitario, que sigue estremeciendo y emocionando por más veces que uno la escuche. Que siga creciendo la leyenda…