Pizza Movies
Dirección: Carlo Padial. Guion: Carlo Padial, Desirée de Fez y Carlos de Diego. Intérpretes: Berto Romero, Judit Martín, Joaquín Reyes, Raúl Arévalo y Bruna Cusí. País: España. 2026. Duración: 95 minutos.
Hacia la mitad de la película, cuando el conflicto ya ha asomado en todo su esplendor, cuando los personajes de Berto Romero y Judit Martín subliman su negro futuro a golpe de amor, disparate y entusiasmo, sobre Pizza Movies sobrevuela sugerente y conmovedor el fantasma del Fernando Fernán Gómez de La vida alrededor (1959).
En esos momentos, Carlo Padial recibe del dúo inconcebible formado por sus dos principales actores, Romero y Martín, aromas de un cine atemporal y ejemplar. Pero la España del tercer decenio del siglo XXI no es la de la España de la posguerra, la del blanco y negro con mordazas y censuras para impedir lo que no debía ser nombrado. Aquel patetismo franquista aquí pretende justificarse a golpe de freakismo y colegueo.
Al guion de Pizza Movies le sobra autocomplacencia y le falta fe; su principal personaje y sus compañeros de reparto, críticos de cine, pertenecen a una generación bien alimentada y, tal vez más precaria de lo que reclama su formación, pero con suficientes recursos. El motor principal que mueve esta comedia romántica se parece bastante al que sostenía Torremolinos 73, pero ni los guionistas ni el coguionista y director Carlo Padial han sabido o querido ir hasta el fondo de la cuestión.
Pizza Movies
Dirección: Carlo Padial. Guion: Carlo Padial, Desirée de Fez y Carlos de Diego. Intérpretes: Berto Romero, Judit Martín, Joaquín Reyes, Raúl Arévalo y Bruna Cusí. País: España. 2026. Duración: 95 minutos.
En lugar de la tragedia, Pizza Movies se precipita hacia lo bizarro, en vez de vitriolo pone tomate frito, esa mezcla de cine grotesco y gamberro que parece alumbrada en una noche de buen vino y en compañía de amigos de la profesión. Representantes de una profesión torturada y ninguneada que deciden ironizar sobre la precariedad del cine español, al menos de ese que se mueve entre los arrabales de la parodia y el humor.
El pretexto argumental resulta banal, apenas un chiste gracioso. Ante las precarias condiciones de la prensa cultural y del oficio de crítico de cine, el personaje felizmente interpretado por Judit Martín, una crítica de cine, decide montar un negocio, una pizzería cuya singularidad residirá en que cada oferta del menú hará referencia a una película. Si el pretexto camina con pies de delirio, el texto, la relación de la pareja, aspiraba a pulsar algo más profundo. Padial consigue que Berto Romero se descargue del personaje televisivo que es, para dar entidad a su rol cinematográfico. Cuenta con Judit Martin, actriz de casta y filo cuyo personaje merecía más ambición, más hondura, más tiempo. No ayudan los cameos de los Reyes, Arévalos... y, conforme avanza el negocio, se desinfla lo que no carecía de chispa e ingenio.