Lunes Santo y Madrid ha entrado en éxtasis, no tanto por lo católico de la jornada sino por una aparición a la que muchos reverencian, la de Rosalía en concierto o, más bien, como protagonista y artífice de una ópera-pop en la que con más razón que fe reflexiona sobre los ídolos que elegimos adorar.

"¡Estoy gozando mucho esta noche aquí, ha sido la primera en Madrid pero no me voy a olvidar de ella!", ha dicho en su desembarco en España en la cita inicial de cuatro en la capital, con sus más de 15.600 "chulapos y chulapas" que agotaron las entradas en tiempo récord y que han respirado al verla recuperada de las molestias que la dejaron "delicaílla" y sin show íntegro en Milán hace unos días.

En el Movistar Arena es donde había que estar con la expectación de las grandes ocasiones, de ahí la presencia de celebridades entre el público como Pedro Almodóvar, los Javis o Manuel Segade, director del Museo Reina Sofía, para palpar de cerca a una estrella en lo más alto de su carrera, elevado su más reciente disco 'Lux' al podio de lo mejor del pasado año a nivel global.

Una ópera pop entre lo clásico y lo contemporáneo

"Me encanta haber vuelto aquí; hace más de una década que vengo a Madrid y es una ciudad que quiero mucho y de la que tengo muchos recuerdos. Vine a cantar a Casa Patas y allí sentí el duende como en ningún otro lugar. ¡Quién me diría a mí que 10 años después estaría yo aquí así!", ha comentado esta catalana que ya empezó a brillar con su disco flamenco 'Los Angeles' (2017).

En otro salto inesperado en su amplio espectro musical, para su cuarto disco de estudio cruzó la música popular con las claves de la música clásica y, en su traslación al directo, ese híbrido ha tomado las formas de una ópera pop.

Operística es la división en actos y el arco narrativo con giro dramático final, con subtítulos visibles que traducen al castellano los 13 idiomas del álbum para entender la trama, así como la multiplicidad de disciplinas implicadas, con un parte de danza clásica y contemporánea en la que ella incluso baila en puntas, como si no hubiese arte que se le resistiera.

Operística es la puesta en escena que algunos han criticado al considerarla espartana, moderna en realidad en su apuesta por la conceptualidad, enseñando la tramoya para observar cómo las ideas de Rosalía toman forma, dejando de lado los fuegos artificiales para crear impactantes estímulos visuales junto a una decena de bailarines.

Después de una gira previa sin música en directo, operístico también es conformar una orquesta con una veintena de miembros (incluida una sección flamenca) y ubicarla a pie de pista, como en un foso, desde el que afinan al inicio del espectáculo, eso sí, con 20 minutos de retraso, lo cual no es muy del Teatro Real.

Iconos, espiritualidad y catarsis final

Y allí, de una caja de transporte, ha emergido como una bailarina de porcelana, intentando permanecer hierática fiel al personaje al son de 'Sexo, violencia y llantas', aunque le resultara imposible esconder la sonrisa y la emoción por el cálido recibimiento. Para que el público cayera rendido ha bastado con sostener un poco más de la cuenta la nota final de "primero amaré el mundo y luego amaré a Dios".

Mucho se ha hablado de la espiritualidad en torno a 'Lux'. En este espectáculo, al menos de manera explícita, no son tantas las alusiones al catolicismo, más allá de guiños como la planta de cruz latina sobre la que reposa la orquesta, el butafumeiro futurista que oscila en la versión "techno" de 'CUUUUuuuuuute' o el confesionario al que ha subido a su amiga Esty Quesada.

En ese espacio ambas han compartido en realidad confidencias y sinsabores sentimentales. "Es que los locos hacen locuras", ha concluido la irreverente "influencer". "Más razón que una santa", le ha respondido la artista, a lo que la primera ha vuelto a replicarle: "Más razón que Rosalía".

Porque sobre las tablas, como con esa Mona Lisa admirada en la distancia que interpreta al versionar 'Can't Take My Eyes Off You', es mayor la reflexión en torno a los iconos y las divinizaciones que creamos, también sobre las caídas en desgracia, las ajenas y las personales.

La mejor explicación sobre el apabullante efecto que ha causado en Madrid lo ha dado una espectadora llamada Eugenia, después de que Rosalía, encaramada al piano para cantar 'Sauvignon Blanc', admitiera no tener más vicios que el vino blanco: "¿Sabes por qué es? ¡Porque el vicio eres tú!".

En las cerca de dos horas de espectáculo no hay margen para 'El mal querer' (2018). Sí aparece 'El redentor' de 'Los Angeles', algunos de los temas clave de 'Motomami' y, sobre todo, 'Lux', que suena prácticamente íntegro, con la inclusión de 'Focu 'ranni' y la feminista 'Novia robot' que quedaron en la versión física del álbum.

Con esos mimbres, de la pureza virginal del apabullante arranque todo en blancos inmaculados y las cuerdas en vivo que realzan cortes como 'Reliquia' o la total entrega del alma 'Mio Cristopiange diamanti', pasa al negro y la total carnalidad de un 'Berghain' con final de "rave" que vuelve locos a los asistentes.

La decepción de 'La perla' reconvertida en una Rita Hayworth arropada por múltiples brazos quedará entre los números más icónicos, para pasar después al perdón, la redención y la pura celebración con 'Bizcochito' y 'Despechá' entre el jolgorio general. "¡Madrid, os gusta la fiesta!", ha observado ante un público que, quizás por el asalto constante de estímulos o por la multitud de idiomas en las letras, no ha cantado tanto como se podía esperar hasta que han llegado este último tramo, prolegómeno de la muerte dulce de 'Magnolias': "Yo que vengo de las estrellas / Hoy me convierto en polvo / Pa' volver con ellas".