“Si Navarra tiene sus proveedores cerca o en países de confianza, ganará en seguridad industrial”
Ante la crisis energética desatada por la guerra de EEUU e Israel contra Irán, la economía circular surge como la alternativa, pero con camino por recorrer
La economía circular incumbe a empresas, administraciones y consumidores. “Debemos concienciar sobre este modelo que necesita mucha I+D”, reitera Álex Dorado Nájera, comisionado para la Economía Circular del Ministerio para la Transición Ecológica que esta semana visitó Navarra.
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¿Qué es la economía circular?
Un cambio de paradigma en cómo producimos y cómo consumimos. Empieza en los ciclos productivos pensando cómo diseñar los productos, servicios, bienes e infraestructuras en su consumo y fin de vida. En definitiva, aplicar la eficiencia en el uso de materiales. Por ejemplo, tenemos que reducir el número de materiales que componen un envase para que resulte más fácil su reciclaje. Debemos minimizar los impactos ambientales en la extracción de recursos y disminuir la generación de residuos a diferencia de la economía lineal. Todo esto tiene un beneficio ambiental, social, económico y territorial.
¿La economía lineal cómo actúa?
Somos dependientes de muchos materiales del exterior, y en vez de dar un buen uso y prolongar su valor durante el máximo tiempo posible, acabamos desperdiciándolos en un vertedero o en una incineradora. Así actúa la economía lineal, y ante los conflictos geopolíticos, este modelo perturba la cadena de producción y la capacidad de las empresas de acceder a proveedores. Hay que trabajar para disponer de la provisión en tu territorio para aportar seguridad a la industria.
¿Cómo perciben las empresas este nuevo modelo?
El sector empresarial tiene capacidad de innovación. Hay muchas compañías punteras que están a la vanguardia, y algunas de ellas son navarras. Hemos financiado sus proyectos con el PERTE de Economía Circular. En cambio, hay otros sectores que no están pensando tanto en esa oportunidad.
¿Qué sectores están más avanzados?
El agroalimentario aprovecha al máximo los subproductos, aunque no quiere decir que tenga todo hecho en desperdicio de alimentos. Hemos centrado el PERTE en textil, plásticos y bienes de equipo para energías renovables, con una ayuda pública de 500 millones. La Agencia Europea de Medio Ambiente indica que cada europeo consume unos 19 kilos de textil cada año, de los que 16 se pierden porque van a vertedero o incineración. Además, para generar esos 19 kilos se han extraído 530 kilos de materiales y usado 12.000 litros de agua.
Una línea del PERTE se destina a renovables. Navarra ya trabaja en el reciclado de parques eólicos...
Esta comunidad siempre ha sido pionera en energías renovables y lo está siendo en la parte de intentar anticiparse al fin de vida de esos equipamientos que son ricos en materias primas y muchas de ellas críticas o estratégicas para la UE. Actualmente, ese tipo de material queda enterrado en vertederos o se mandan a terceros países para extraer esas materias primas y nos las vuelven a vender. Así creamos una doble dependencia, que queremos evitar con proyectos como los que está desarrollando Navarra.
“La economía circular es un cambio de paradigma en cómo producimos y cómo consumimos empresas, administración y ciudadanía”
¿Qué posición ocupa la Comunidad Foral en la economía circular respecto a otros territorios?
La economía circular es un ámbito en el que todos tenemos mucho que hacer todavía. Pero, dentro del conjunto de las comunidades, Navarra está entre las más avanzadas por ser la más industrial y haber sido pionera en energías renovables. El Ministerio defiende su visión, y se nota la involucración de Navarra al confeccionar un ecosistema estratégico alrededor de la economía circular. Siempre es agradable venir a una comunidad en la que compartimos prioridad del poder transformador de la economía circular como también defiende la UE.
¿Por qué es clave la industria?
El tejido industrial ha visto la oportunidad en la economía circular de acelerar su industrialización, es decir, las empresas navarras han llegado a comprender que para lo que a una organización es un residuo o subproducto para otra es una materia prima. Las empresas de la Comunidad Foral no solo perciben la economía circular como una gestión de residuos sino como una política industrial. Además, desde el Gobierno foral se apoya con iniciativas como Navarra Zirkular.
¿Qué opina de esta estrategia?
Navarra Zirkular demuestra un interés real con este modelo de economía. De hecho, el Gobierno foral ha lanzado subvenciones y hay 250 empresas comprometidas. La administración pública actúa como facilitador y comunicador de las oportunidades que surgen a través de ayudas y de los PERTE.
¿Qué otras comunidades están haciendo los deberes?
Si nos basamos en los proyectos del PERTE, destacan Navarra, Euskadi, Catalunya y Castilla-La Mancha.
¿Quién sobresale a nivel europeo?
Es difícil dar una respuesta porque los indicadores varían. Países Bajos tiene tasas, de las mal llamadas circularidad, muy altas, porque solo miden cuánto material reciclado reintroducen. Sin embargo, la circularidad empieza antes, en la prevención y la reutilización, y eso no siempre se refleja en esa tasa de circularidad o materias primas recicladas. España, por ejemplo, tiene una tasa de reciclado más baja que la media europea, pero es más eficiente generando riqueza con menos materiales que muchos países nórdicos. Desde el punto de vista legislativo, la Ley de Residuos de 2022, pone a España en la vanguardia, que se tiene que ir desarrollando con reales decretos. Francia también tiene una normativa muy interesante, la ley antidesperdicio que ha puesto el foco en la moda ultrarrápida que potencia la producción textil masiva diariamente.
¿Qué objetivos se ha marcado el Ministerio?
La Estrategia Española de Economía Circular a 2030 marca reducir un 30% la intensidad del uso de materiales respecto al PIB en relación a 2010, bajar un 15% la generación de residuos y aumentar un 10% la preparación para la reutilización. Esto se aterriza con planes de acción donde se involucran 13 ministerios. Hay medidas desde compra pública ecológica hasta fiscalidad.
La guerra de EEUU e Israel contra Irán ha desatado una nueva crisis energética. ¿Con una economía circular asentada cómo habría afrontado Europa este escenario?
En un futuro hipotético, no seríamos tan vulnerables; y actualmente no somos plenamente conscientes de nuestras dependencias. En economía circular estamos como las renovables hace 20 años por lo que queda mucho camino por recorrer. Si España y Navarra tienen sus cadenas de valor cerca o en países de confianza, ganan en seguridad industrial; y no dependerán de una ocurrencia en la Casa Blanca, sino de proveedores locales.
¿Por el momento, Navarra y España están poniendo los mimbres de la economía circular?
Exacto. El 90% de la pérdida de biodiversidad y el 65% de las emisiones de gases de efecto invernadero se explican por cómo extraemos y procesamos materiales. Al obtener menos, frenamos las crisis climáticas y de contaminación. Las empresas ya detectan que estas crisis son el principal riesgo para su actividad futura, así que la economía circular también les da seguridad económica.
“Cada habitante en Europa consume 19 kilos de ropa, de los que 16 van a vertedero o incineración. Hay que cambiar esta forma de actuar”
¿Europa va a contracorriente del resto de potencias que quieren dominar el mundo?
Cada estado defiende sus intereses. Europa tiene recursos limitados, por eso apuesta por la descarbonización y la circularidad. A largo plazo, a todos nos interesa un planeta que no esté ardiendo, con ecosistemas saludables y donde podamos respirar aire puro. En el corto plazo, hay estrategias como la estadounidense de estigmatizar las renovables porque ellos son ricos en combustibles fósiles y quieren que sigamos siendo dependientes. Tenemos que luchar contra ese negacionismo climático y ambiental y entender que producir dentro de los límites del planeta es bueno para nuestra economía, competitividad y seguridad.
¿El actual escenario convulso de guerra y su repercusión en la economía hace peligrar este modelo?
Soy optimista y creo que no, pero con una triple capa de realismo: no podemos dormirnos. Las voces negacionistas y retardistas –que aceptan el cambio climático pero buscan aplazarlo– no están ganando la batalla porque el sector empresarial ya ha vinculado el “crecimiento verde” con la competitividad. Pero no hay que dejarse seducir por soluciones fáciles ni mirar solo al corto plazo. Aunque los inicios son difíciles, la visión a largo plazo es lo que debe mandar.
“Europa, con recursos limitados, apuesta por la descarbonización y circularidad. No hay que buscar las soluciones fáciles”
También hay que educar a la ciudadanía en economía circular. ¿Qué ejemplos puede aplicar una persona en su casa?
Importa la prevención. Lo más típico es la separación de residuos en origen. En la ropa, debemos intentar que sea duradera y que alguien la pueda reutilizar después. En la compra, aunque es difícil evitar el plástico, se pueden buscar fórmulas para minimizarlo con productos a granel o el comercio local. En Navarra tenéis el ejemplo de Traperos de Emaús, que hacen una labor fantástica con muebles o ropa, fomentando la segunda mano y creando empleo para personas en exclusión.
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