koldo monreal / gerente de la empresa navarra Onhaus y consultor Passivhaus

¿Y ahora, quién mete la excavadora para iniciar una obra?

29.06.2020 | 10:00
Monreal analiza la situación actual del sector de la construcción.

La emigración acaecida en España durante los años 50 produjo un éxodo rural hacia zonas urbanas acarreando una fuerte demanda de viviendas que llevó al entonces Ministerio de la Vivienda a adoptar medidas especiales para la creación de espacios vitales que amortiguasen tal carencia y, al mismo tiempo, mitigasen un creciente descontento social.

En aquellos tiempos, a ningún estudio de arquitectura se le hubiera ocurrido diseñar lugares para vivir que adolecieran de la capacidad de disponer al menos de un pequeño apartado ajardinado, cuando no de balcones, en los que poder practicar fresqueras o despensas e, incluso, la disposición puntual de plantas ornamentales que de alguna forma evocasen el perdido hábitat rural.

Había que guardar la ristra de ajos, bien traída desde el pueblo, o bien comprada por San Fermín en ese rincón tranquilo y entrañable ubicado junto a la Calle Mayor denominado plaza de Recoletas y popularmente conocido como plaza de los Ajos. Había que guardar el indispensable pernil o jamón también adquirido, probablemente, en los mismos escenarios, y había en definitiva que conservar aquellos alimentos, antes de que las neveras –más tarde llamadas frigoríficos–- hicieran de su presencia un hábito.

A partir de mediados de los años 90 se producen incrementos en los precios de la vivienda que se explican principalmente recurriendo a factores externos como la falta de suelo edificable y al encarecimiento del mismo. Sucede entonces que, jugando con el inconsciente, se introduce el concepto perverso de la no necesidad de los recursos antes descritos como indispensables y se dirige a la sociedad hacia un nuevo paradigma tristemente conocido como "ciudad dormitorio".

Se enfoca la creencia de disponibilidad en el núcleo urbano de suntuosos jardines de los cuales presumimos, teniendo (en el caso de Pamplona) hasta una Plaza del Castillo que orgullosamente mostramos como "sala de estar".

Tras los últimos sucesos acaecidos por el covid-19 estos últimos argumentos dejan de ser válidos poniendo en evidencia que no es lo mismo un piso con ventanas al exterior, terraza o al menos un balcón, que lo que mayormente se ha construido en las últimas décadas bajo el paradigma antes descrito: ventanas a ras de fachada para reservar espacios que además en algunos proyectos están solamente habilitadas hacia limitados patios. De pronto somos conscientes de la importancia que tiene una vivienda con unos mínimos niveles de confort que desafortunadamente, y en términos generales, se han ido perdiendo.

Si nos vamos al ámbito de la salud las consideraciones no mejoran. Teniendo en cuenta que hemos estado encerrados dentro de nuestras viviendas durante casi dos meses en una época no especialmente extrema en cuestión de temperaturas, con otros parámetros más severos, una ventilación manual habría supuesto un incremento energético mayor además de una importante pérdida de bienestar. Otro argumento más para pensar en cómo debemos mirar lo que a la postre definimos como el hogar ideal. Queda meridianamente claro que en un futuro próximo la construcción va a ser otro de los estamentos que obligatoriamente va a verse abocado a un profundo cambio debido a que el cliente final va a demandar prestaciones que antes no contemplaba como la ventilación, la hermeticidad y el tratamiento de los puentes térmicos por definir algunas de ellas.

Tras una ralentización inicial, la actividad del sector de la construcción parece haberse disparado satisfactoriamente, y así sucede en parte, aunque de modo parcial, puesto que las obras empezadas antes del confinamiento obligan a ser terminadas para así poder cobrar. La situación actual podríamos definirla como de incertidumbre y transición. Tal cual define el enunciado de este artículo: ningún promotor va a meter la excavadora para iniciar una obra importante, sin unas mínimas garantías de consecución, antes de verse obligado a una nueva paralización debido a un posible rebrote de la pandemia o a cualquier otra consideración que en estos momentos hace mostrarse sensibles y cautos tanto a promotores como a clientes finales.

Por otra parte, todo el sector quiere arrancar y quiere empezar de nuevo, pero entiendo que van a ser dos los factores determinantes los que van a dirigir y traccionar la tan deseada recuperación. La rehabilitación de edificios por su menor prolongado proceso de ejecución va a propiciar que distintos gremios dedicados a elementos clave como las ventanas, cubiertas, SATES, etc., vayan a ver auspiciada su dedicación porque muchos promotores van a encontrar un nicho de negocio con un riesgo menor.

También, y presumiblemente, tanto el Estado central como el Estado autonómico a través de sus administraciones públicas se lancen a definir proyectos realizables en aras de no dejar caer en demasía a un entorno que relaciona una elevada cantidad de ámbitos productivos.

Y no encontrándonos en época de cambio, sino en cambio de época, animo desde estas líneas a una colaboración conjunta e imprescindible de los medios privados y públicos con la intención convencida de buscar el bien común.