Si ya es difícil medir una cualidad con tantas aristas como la valentía o el compromiso, más complejo resulta todavía calcular su impacto real en el resultado de un partido de fútbol. La valentía a veces empuja a atreverse con una presión alta para recuperar el balón, y el compromiso sirve de altavoz para hacerlo en conjunto y sostener ese esfuerzo. Sin duda, influyen en el resultado, pero ¿cuánto? Para responderlo, algún día quizá dispongamos de una disciplina específica que podríamos llamar “Futbolmetría”.

Nos quedamos de momento con el comodín de la suerte o el azar, ese saco donde guardamos lo que no sabemos explicar del todo, y que invocamos a menudo según nos conviene.

Tras el partido de Balaídos, como viene siendo habitual, los dos entrenadores declararon que el resultado no reflejó los merecimientos. Coincido en que el Celta tuvo mejores ocasiones. Pero la mayoría aparecieron cuando iba por detrás en el marcador, con el empate, las llegadas fueron muy similares. A menudo nos quedamos con la “sensación” de los tiros sin relacionarlos con la situación del momento, y eso nos hace perder la perspectiva real.

El Celta mantuvo su plan habitual, orden, ritmo y paciencia, esperando agazapado a robar y ejecutar esas transiciones rápidas que tan bien hace un equipo que presiona poco y llega fresco.

Osasuna, en cambio, decidió otra cosa novedosa hasta la fecha fuera de casa. La presión alta como visitante se mantuvo todo el rato, prolongando lo que Lisci está proponiendo en El Sadar en las últimas jornadas. Mención especial para las conducciones “interminables” de Aimar, ya destacadas por Félix Monreal en este medio, que permitieron sacudirse la presión y volver a campo contrario para empezar de nuevo. Si pudiéramos medir ese flujo ataque-defensa, quizá descubriríamos que el azar también tiene ciclos propios.

El partido cayó del lado del equipo que arriesgó más y fue más valiente. Sustituir a Torró y Moncayola por Iker y Aimar fue una declaración explícita de que Osasuna iba a por el partido.

Esta propuesta valiente de Lisci equivalió a casi gol y medio por hora. En un club que tiene la valentía como uno de sus pilares, la ausencia previa de esa actitud llamaba la atención, pero esta vez sí apareció, marcando un camino reconocible.

Con la primavera ya a la vista y en la mitad superior de la tabla, el panorama es prometedor, aunque con el riesgo de relajarse tras el arreón de las últimas jornadas. Salir del apuro de una temporada que llegó a verse con muchos riesgos, se ha conseguido aplicando cosas simples, como casi siempre. El tiempo dirá hasta dónde se llega, con humildad, pero también con ambición.

*El autor es exfutbolista y profesor de la UPNA.