Me lo quitan de las manos

Otra vez el Congreso de los Diputados fue ayer el bazar de las maravillas. Pasada la tontuna de los abascálidos entrando tarde para conseguir su migaja de focos –¡qué necesitados están!–, Pedro Sánchez se puso a anunciar medidas anticrisis del mismo modo que los charlatanes de mi infancia ofertaban sus cachivaches: “¡Y por el mismo precio, una sartén antiadherente, un reloj de pared, una vajilla de Duralex y un juego de destornilladores!”. Cambien lo anterior por la tarifa regulada eléctrica para las familias con caldera comunitaria, la extensión del bono social térmico y hasta una reducción de las cotizaciones empresariales en contratos indefinidos en Soria, Teruel y Cuenca. Así, hasta un total de 3.000 millones de euros, que a usted y a mí nos parece un pastizal, pero que en términos de economía de un estado con 40 millones de habitantes, tampoco es tanto. Eso, sin contar que no hay forma de saber si este paquete estaba ya incluido en el plan que aprobó el Gobierno español anteayer o se trata de un extra.

Electoralismo de carril

Si fuera lo segundo, cabría achacar el rapto de generosidad al baño de improperios que recibió el inquilino de Moncloa en los fastos de la hispanidad del miércoles. Si fuera lo primero, volveríamos a estar ante la enésima venta de la misma mercancía y, por tanto, rozando la tomadura de pelo. Sospecho, con todo, que es una mezcla de las dos opciones. Parte de lo anunciado ayer estaba ya en lo avanzado el martes, y otros tres o cuatro detalles se incorporaron una vez tomada la temperatura social. Quedan ocho meses para las elecciones locales y territoriales, y pese a que Feijóo se está demostrando un chisgarabís con el fuste justito, los números le salen en sánscrito al PSOE. Ahora mismo le tiemblan todas las comunidades en que se celebran comicios. Así que hay que sacar la chequera y prometer la luna, las estrellas y el sol si es menester.

Son los prespuestos, estú...

De entrada, nadie que tenga cierta sensibilidad va a manifestarse en contra de las medidas. Otra cosa es que no se detecte a kilómetros el tufo descaradamente electoralista. La prueba fue el cabreo de los socios habituales del Gobierno a los que otra vez el prestidigitador de Moncloa ha pretendido tomar por pagafantas. Como recordó el portavoz jeltzale, Aitor Esteban, no es serio venir en plan conseguidor, cuando queda una semana para que los grupos decidan si presentan o no una enmienda a la totalidad del proyecto de presupuestos generales del Estado. Ese sería el partido que debería estar jugándose ahora, el de la negociación presupuestaria.