El eco de Carolina Marín
La onubense deja el bádminton a los 32 años castigada por las lesiones pero orgullosa de protagonizar una envidiable carrera que la llevó a colgarse la medalla de oro en los Juegos y lograr tres títulos mundiales y seis europeos
A la decisión de la retirada solo quedaba ponerle fecha.Carolina Marín abandona la disciplina profesional. Cuelga la raqueta a los 32 años, detenida por las lesiones, después de una vida plagada de éxitos que permitieron descubrir que las fronteras están para quebrarse, que alguien alejado del centro neurálgico de una disciplina puede conquistar territorios inhóspitos, en los que solo habita el localismo. Nacida en Huelva el 15 de junio de 1993, Carolina decidió que lo suyo era el bádminton y llevó los deseos más allá de lo convencional, convirtió lo excepcional en algo habitual. Con esfuerzo y determinación quebrantó las leyes orientales, donde reside el epicentro de la actividad que ha representado con tanto honor, para trasladar los éxitos a occidente, a su Huelva natal, donde su deporte era residual, anecdótico, y sin embargo llevó tres títulos mundiales, siete europeos y un oro olímpico.
Relacionadas
“Mi camino en el bádminton profesional ha terminado y, por tanto, no participaré en el Europeo de Huelva –que se celebra entre el 6 y el 12 de abril–. Quería que nos viéramos por última vez en una pista, pero no quiero poner en riesgo mi cuerpo por ello”, manifestó ayer la brillante jugadora, que tenía en mente poner el epílogo a su carrera en su tierra, delante de su familia y amigos, en un torneo que pretendía rendir homenaje cerrando el círculo con un final feliz.
El cuerpo dice basta antes que la mente
Pero el esfuerzo por concederse una última oportunidad ha sucumbido. Su cuerpo ha dicho basta antes que su mente. “Lo dije muchas veces y soy consecuente con mi decisión. Quería que mi final como jugadora hubiese sido de otra forma, pero en la vida las cosas no siempre pasan como queremos y tenemos que asumirlo”, confesó.
Si bien es cierto que Carolina ha podido gozar de tiempo para digerir su retirada. Al fin y al cabo, tal y como ahora explica, el final llegó hace tiempo. La onubense pudo comenzar a vislumbrar el final de su carrera el mismo día que sufrió la tercera lesión grave de rodilla. Esto sucedió en las semifinales de los Juegos Olímpicos de París celebrados en 2024. Era el tercer batacazo en cinco años. Una bofetada mayúscula. “Entonces no lo sabíamos”, recordó. Ahora mira en retrospectiva, con la serenidad que concede el transcurso del tiempo, la veteranía. “En el fondo”, como dijo, su retirada sí se produjo “en una pista”, en el mayor de los escenarios para una jugadora de bádminton. Aquel día de 2024, se apagó una estrella que quiso seguir brillando.
Porque desde aquel fatídico día ha luchado, una vez más, por sobreponerse a la adversidad, a la que ya doblegó otrora, como la guerrera que ha sido y es. Con ese espíritu combativo que añadió picante a la profesión con gestos viscerales, alejados del convencionalismo oriental que es más represivo con las emociones. Sus gritos sobre la pista retumbarán durante generaciones, para que los escuchen aquellos para los que Carolina será ejemplo.
Marín quería que “el camino acabase en Huelva”, donde comenzó esta bonita historia, “porque esa niña que descubrió el bádminton y quiso ganarlo todo, hoy es feliz y vuelve a su casa”. Se marcha del circuito “orgullosa de todo”, sin nada que reprocharse, pese a que siempre quedará la incertidumbre sobre todo lo que podría haber llegado a ganar de haber sido respetada por los indescifrables caprichos del destino, que señalaron sus rodillas con malicia, la derecha y la izquierda, la primera víctima de dos roturas de ligamento cruzado y la segunda sujeto de otra más. Lesiones que truncan carreras.
'La McEnroe' de Huelva
PeroLa McEnroe, como la apodaba su madre por el genio, por el carácter competitivo que afloró desde que a los 8 años agarró su primera raqueta, logró pese a ello enderezar la trayectoria después de las curvas. Se adueñó de Europa con siete títulos continentales (2014, 2016, 2017, 2018, 2021, 2022 y 2023) y también dominó el mundo en 2014, 2015 y 2018, cuando se convirtió en la tercera jugadoras europea en hacerlo. Aquel increíble 2014 interrumpió una racha de nueve ediciones consecutivas de dominio asiático. Carolina Marín había llegado a la élite para establecer un paréntesis que se fue dilatando hasta ganarse la admiración del planeta. Quizá su momento álgido llegó en Río de Janeiro, cuando en 2016 se convirtió en la primera mujer no asiática en colgarse la medalla de oro en los Juegos Olímpicos.
Por eso, ahora es cuando mira desde su retrovisor con orgullo. “Pero más que por los títulos, es por haberme ganado el respeto del mundo del deporte, tanto dentro como fuera de la casa. Y por haber logrado que el bádminton sea reconocido, visto y practicado en mi país. No puedo pedir nada más”, matizó. Ella popularizó la Carolinamanía, ese efecto expansivo consecuencia de sus éxitos que llevó a gente a probar con la raqueta y el volador, personas que bien podían promulgar el lema que la hizo infatigable: “Puedo porque pienso que puedo”.
El rostro amargo del deporte
Marín se muestra agradecida pese a que convivió con la cara menos amable del deporte. El primer gran contratiempo físico llegó en enero de 2019, en la final del Masters de Indonesia. Entonces, su rodilla derecha se rompió. A finales de ese mismo año inició la preparación para unos Juegos Olímpicos de Tokio en los que aparecía como gran favorita. La cita se retrasó por la pandemia y eso concedió margen a Carolina, que mientras tanto tuvo que llorar la muerte de su padre. A finales de un mayo de 2021 cercano al evento de Tokio, la onubense se fracturó la rodilla izquierda mientras entrenaba. Vuelta a empezar. El tercer revés, probablemente el más cruel, sucedió cuando estaba a punto de alcanzar la final de los Juegos de París. La rodilla derecha volvió a castigarla, esta vez de manera definitiva. Su desgarradora imagen tendida sobre el estadio parisino de La Chapelle quedará para la posterioridad como fotografía del rostro más amargo del deporte.
Su misión, la que adopta con pasión, será seguir ejerciendo de embajadora del deporte que la llevó a dominar el mundo. “Ahora empiezo un nuevo camino en el que intentaré devolver todo el apoyo que he recibido de la sociedad y trataré de seguir defendiendo los valores del deporte por encima de todo”, manifestó. Acudirá al Campeonato de Europa en Huelva pero lo hará como espectadora, para ejercer de anfitriona rodeada por su gente. Será una despedida fuera de la pista, pero una despedida en la que podrá sentirse satisfecha del camino recorrido. “Gracias por vivir a mi lado un viaje maravilloso”. Es la despedida de una leyenda. El eco de Carolina Marín seguirá escuchándose.