El príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohamed bin Salmán, presiona al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para que continúe la guerra contra Irán, alegando que se trata de una "oportunidad histórica" para remodelar Oriente Medio, informó The New York Times este martes tras hablar con personas familiarizadas con las conversaciones.
Según estas fuentes, el príncipe saudí estaría instando a Trump a destruir por completo al gobierno iraní, argumentando que la amenaza que representa para el golfo Pérsico solo puede eliminarse derrocando ese régimen.
Nuevas figuras continuistas
Desde el ataque conjunto de Washington e Israel contra Irán el 28 de febrero, que acabó con la vida del entonces líder supremo, ayatolá Alí Jameneí, la lista de miembros de la cúpula política, militar y de inteligencia de Teherán asesinados ha seguido creciendo.
Sin embargo, han surgido nuevas figuras continuistas, como el ayatolá Mojtaba Jameneí, que sucedió a su padre como líder supremo.
Mientras que Israel considera que un estado iraní debilitado sería una victoria, Arabia Saudí mantiene que incluso un Irán inestable representa una amenaza grave para su seguridad.
Las autoridades saudíes niegan públicamente presionar a Trump. "El reino de Arabia Saudí siempre ha apoyado una resolución pacífica de este conflicto", afirmó el Gobierno en un comunicado recogido por The New York Times, asegurando que su compromiso con la Administración Trump sigue siendo el mismo.
Según The Washington Post, la decisión de Trump de atacar Irán se produjo tras semanas de presión de Israel y Arabia Saudí, según cuatro personas familiarizadas con el asunto.
Negociaciones y desacuerdos
En los últimos días, Trump ha mencionado que las negociaciones con Irán muestran "puntos de acuerdo importantes", y ha aplazado durante cinco días ataques contra instalaciones energéticas iraníes. Por su parte, Teherán niega que existan negociaciones formales y solo reconoce "contactos". Las fuentes indican que Mohamed bin Salmán considera un error la disposición de Trump a poner fin a la guerra y aboga por continuar atacando la infraestructura energética de Irán, pese a sus consecuencias sobre la economía y la cadena de suministros global.