El presidente de EE.UU., Donald Trump, ha lanzado un nuevo ultimátum a la República Islámica de Irán, instando a sus líderes a sentarse a la mesa de negociaciones "antes de que sea demasiado tarde". En un mensaje publicado en su red social, Truth Social, el mandatario advirtió de que, de no producirse un cambio inmediato en la postura de Teherán, las consecuencias serán irreversibles. "Más les vale ponerse serios pronto, porque una vez que eso suceda, ¡no habrá vuelta atrás y no será nada agradable!", sentenció Trump, elevando la presión en un conflicto que entra ya en su cuarta semana de hostilidades abiertas.

Esta nueva ofensiva verbal coincide con el vencimiento de la pausa de cinco días que el propio Trump anunció respecto a los ataques contra infraestructuras energéticas iraníes. El presidente insiste en que Irán está "suplicando" un acuerdo, aunque lo nieguen públicamente por temor a represalias internas. Según Trump, los negociadores iraníes evitan admitir los contactos por miedo a "ser asesinados por su propia gente" o incluso por EE.UU. Durante la cena anual del Comité Nacional Republicano del Congreso en Washington, el mandatario calificó a sus interlocutores de "extraños" y criticó la cobertura mediática de la guerra, tachando de "error" que Teherán afirme estar simplemente "analizando" la propuesta estadounidense cuando, a su juicio, han sido "aniquilados militarmente sin ninguna posibilidad de recuperación".

La "contradictoria" estrategia de EE.UU.

A pesar de la retórica bélica, los canales diplomáticos, aunque tensos, permanecen abiertos a través de intermediarios como Pakistán. Washington ha puesto sobre la mesa una propuesta de 15 puntos para finalizar la guerra, un plan que Irán ha rechazado inicialmente por considerarlo "excesivo". Teherán ha respondido con sus propias condiciones, exigiendo el reconocimiento de su soberanía sobre el estrecho de Ormuz, la reparación de daños en sus infraestructuras y garantías de que la agresión no se repetirá.

El ministro de Exteriores iraní, Abás Araqchí, ha calificado de "contradictoria" la estrategia de la Casa Blanca. Para Teherán, resulta incoherente que EE.UU. solicite negociar mientras continúa enviando refuerzos militares a la región. Por su parte, países como Turquía, a través de su ministro Hakan Fidan, intentan mediar para detener un conflicto que ya desborda las fronteras originales y, aunque Araqchí niega negociaciones directas, confirma el intercambio de mensajes a través de terceros.

Balance humano y económico

La guerra, iniciada el pasado 28 de febrero tras ataques coordinados de EE.UU. e Israel, ha dejado un rastro de destrucción masiva. En Irán, aunque las cifras oficiales están congeladas desde el 5 de marzo, la ONG HRANA estima que los muertos superan los 3.268, incluyendo 1.443 civiles. Especialmente trágico fue el ataque a un colegio en Minab, donde murieron 165 niños. El impacto humanitario se agrava con 3,2 millones de desplazados internos y ataques a casi 300 centros médicos.

En el plano económico, el corazón de la industria petrolera iraní, la isla de Jarg y el yacimiento de South Pars, han sido alcanzados, mientras el estrecho de Ormuz permanece prácticamente paralizado. Esta situación ha disparado los precios del combustible a nivel global, afectando a una quinta parte del suministro mundial de crudo.

Ahora, con el plazo de Trump a punto de expirar, la región aguarda con incertidumbre si la amenaza se traducirá en una nueva y más feroz fase de bombardeos.