A pesar de que el conflicto en Ucrania ha entrado en una fase de parálisis técnica tras seis meses sin progresos rusos de relevancia, Vladímir Putin se resiste a reconocer el estancamiento. El líder ruso persiste en sus demandas maximalistas, exigiendo que Kiev abandone las regiones anexionadas, mientras el panorama militar y diplomático sugiere un punto muerto difícil de romper.

Un frente inamovible

Desde finales del año pasado, la ofensiva rusa se ha detenido casi por completo en Donetsk y Zaporiyia. En contraste, las fuerzas ucranianas han logrado sus mayores avances territoriales en dos años. Según datos del Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), el ejército ruso apenas ha capturado 350 kilómetros cuadrados en Donetsk en lo que va de año, avanzando a un ritmo ínfimo de 2,63 kilómetros cuadrados por día.

Pese a este lento desempeño, el Estado Mayor ruso asegura que podrán tomar Sloviansk y Kramatorsk en otoño. No obstante, expertos del ISW dudan de esta capacidad, señalando que las tropas apenas han podido progresar en Kostiantínivka, la puerta al norte de la región. Esta desconexión entre los objetivos de Putin y la realidad operativa se agrava por el coste humano: se estima que Rusia ha perdido 352.000 soldados hasta 2025, con bajas mensuales actuales de hasta 20.000 hombres, una cifra cinco veces superior a la de Ucrania.

Exigencias diplomáticas y bloqueo externo

En el ámbito de las negociaciones, la situación es de parálisis total. Desde febrero no existen contactos directos, influenciados tanto por la falta de interés mutuo como por la atención de Washington en el conflicto de Irán. El Kremlin, a través de portavoces como Dmitri Peskov, ha dejado claro que cualquier alto el fuego exige que Zelenski entregue no solo el Donbás, sino las cuatro regiones anexionadas. Por su parte, Serguéi Shoigú, secretario del Consejo de Seguridad de Rusia, subraya que Ucrania debe retomar "los principios de no alineamiento, neutralidad y desnuclearización consagrados en su declaración de soberanía de 1990".

La mediación estadounidense también se encuentra en una encrucijada, con un Donald Trump que negó recientemente haber acordado la cesión del Donbás con Moscú mientras el canciller ruso, Serguéi Lavrov, insiste en la validez de supuestos "entendimientos" alcanzados en Alaska en 2025. Lavrov critica que la política de Washington sigue la línea de la administración Biden, marcada por las sanciones.

Desde la otra acera, el secretario de Estado, Marco Rubio, ha admitido que los esfuerzos diplomáticos "se han estancado", reconociendo a su vez que "las Fuerzas Armadas de Ucrania son actualmente las más fuertes y potentes de toda Europa". Ante este escenario, la guerra parece lejos de su final, atrapada entre la retórica de victoria de Moscú y la resistencia de Kiev.