san martín de unx - “Espera, sujeta la copa justo ahí”, indica Arantxa Jabato a Alfredo Gimeno, que está levantando una copa con vino rosado delante de una señal en la que puede leerse San Martín de Unx. “Así, ya casi está”, comenta Arantxa tras el objetivo de su cámara de fotos. A su alrededor, una multitud de personas pasea, ríe y charla completamente ajenas a la tarea de esta pareja. Casi todos sujetan una copa de vino en la mano, en gran medida se trata de un caldo rosado, aunque también hay quien ha optado por un blanco o un tinto.
“Estoy participando en el Rally Fotográfico de la XVIII edición del Día del Rosado de San Martín de Unx. Estoy acabando mis estudios de fotografía y ya he ganado algún que otro rally. Me encantan”, confiesa Arantxa. “Sí, y como no tiene coche... necesita chófer”, bromea Alfredo, provocando una sonrisa en la joven fotógrafa.
El rally, en el que participan 29 personas, consta de cinco pruebas, en cada una de las cuales hay que hacer una foto. Así, los concursantes tienen que plasmar el color rosado del vino, rincones con encanto del pueblo, la tradición vinícola de San Martín de Unx, la herencia y la esencia de las bodegas que se ha transmitido de padres a hijos durante años y, por último, un brindis que muestre la alegría de esta jornada. “Hay algunas pruebas que son más complicadas, como la de la tradición o la de la herencia de padres a hijos. Para hacer la de los rincones con encanto hemos ido a la cripta, que no la conocíamos. Es pequeñita, pero muy cuqui. Tiene unos capiteles muy bonitos”, asegura Arantxa. “El pueblo es muy bonito, nos está gustando mucho. Y el vino está muy rico”, comenta Alfredo, que solamente lo probó porque luego tenía que conducir. “Sí, aunque las cuestas no nos han gustado tanto. Después de subir a la iglesia ya hemos dicho que, una vez bajásemos, no volvíamos a subir”, apunta entre risas esta vecina de Pamplona.
padrino En el interior del Club de Jubilados del pueblo, el alcalde y presidente de Bodegas San Martín Javier Leoz presentaba al padrino de esta XVIII edición; el dibujante Mikel Urmeneta. “Consideramos que es nuestra obligación celebrar el Día del Rosado por todo lo que nos ha dado el vino. Es nuestra obligación ponerlo en valor”, concluyó Leoz, antes de dar paso a otra de las “invitadas de honor” de esta edición, la presidenta del Gobierno de Navarra Uxue Barkos. “Para mí es un honor compartir este día entre amigos. Es un verdadero placer disfrutar de lo que hay aquí, de este diamante pulido y de la capacidad de proyectar la esencia navarra en el resto del mundo. Hay que disfrutar y estar convencidos y orgullosos de que tenemos mucho que ofrecer”, señaló la presidenta, dando paso a que Atxen Jiménez, propietaria del restaurante tafallés Túbal pasase el testigo a Urmeneta, padrino de esta edición. “Espero de corazón que lo disfrutes tanto como yo y que pases un bonito y rosado día”, deseó Jiménez al ceder “el testigo de mi reinado” al dibujante, que aseguró que “es un verdadero honor”.
“Antes venía a San Martín de Unx con mi padre para ver la arquitectura y ahora vengo con mis amigos a disfrutar del vino. Se pueden hacer las dos cosas, pero, hoy, prefiero dedicarme a lo segundo”, bromeó Urmeneta que deseó “larga vida al rosado, que es el color de las almas buenas, de los labios y de lo que nos gusta a todos y todas”. Al terminar la cesión, que se firmó con la entrega de una copa gigante de cristal por parte de Jiménez a Urmeneta y de un dibujo dedicado por el nuevo padrino al pueblo, Martín Maiza, vecino del pueblo, y Natitxu entonaron una jota que arrancó los aplausos de los presentes.
Tras la cesión del apadrinamiento, el jolgorio volvió a convertirse en el protagonista de la jornada. En la plaza del pueblo, la multitud se repartía entre los stands de las cuatro bodegas del pueblo; Bodegas San Martín, Bodegas Máximo Abete, Bodegas Beramendi y Bodegas Ayesa. “Nos basamos en nuestro producto estrella para dar a conocer la historia y la arquitectura de nuestro pueblo”, explicó Salvador Ayerra, que gestiona las Bodegas Ayerra junto con sus padres Esteban y Josefa y sus siete hermanos.
Y, según el éxito de la jornada, parece que lo consiguieron. “Es el primer año que venimos. Nos han invitado unos amigos y hemos cumplido las expectativas”, aseguró con una sonrisa Delia Pellejero, una vecina de Pamplona, mientras se refugiaba del sol con su marido Miguel Induráin.