La visita de Franco a Tudela
El 14 de octubre de 1954, el dictador Franco y su mujer, Carmen Polo, se detuvieron 10 minutos en Tudela, tiempo suficiente para recibir las llaves de la ciudad, una medalla conmemorativa y un sinfín de agasajos.
Cuando se han cumplido los 50 años de la muerte del dictador, Francisco Franco Bahamonde, es momento de recordar su visita relámpago a Tudela en un viaje que trazó a medio camino entre Zaragoza (donde había consagrado España al Corazón de María) y Logroño (donde coronó a la Virgen de Valvanera). Su llegada se anunció con volteo de campanas y lanzamiento de cohetes. En la visita, que apenas duró 10 minutos, estuvo acompañado de su mujer Carmen Polo, pero no aparece en ninguna de las fotografías que Peinado y Mazo realizaron en aquella jornada. Tudela había nombrado hijo predilecto y adoptivo a “nuestro glorioso caudillo, Francisco Franco Bahamonde” 7 años antes, el 30 de diciembre de 1947 por el Ayuntamiento que presidía Rufino Zuazu. En el texto aprobado aquel crudo invierno de posguerra se destacaban las aportaciones del dictador que eran, ni más ni menos, que “preservar al país de la amenaza comunista” y evitar que el España “entrara en la más cruel de las guerras”.
La visita
La visita de Franco resultó muy parecida a la de los americanos en la película Bienvenido Mr. Marshall, aunque, eso sí, se bajó del coche. La ciudad acababa de inaugurar en junio las primeras 194 viviendas para trabajadores del Barrio de Lourdes que iniciaba un tiempo nuevo para Tudela con la llegada de mano de obra y de industrias. En la otra cara, el proyecto para un nuevo megamonumento, esta vez al Corazón de María, echaba a andar.
La plaza de Los Fueros estaba atestada de público en aceras y, sobre todo, en los balcones y de centurias de la Falange. La autoridad, que resultaba ser el recién nombrado Gobernador Civil Carlos Arias Navarro (conocido como carnicerito de Málaga por las matanzas que realizó y que 20 años después entonaría el “Españoles, Franco ha muerto”), había dado fiesta al comercio y, como cuentan los diarios, se había adornado con “arcos de triunfo con patrióticas salutaciones al Generalísimo Franco y todos los balcones estaban engalanados. La plaza estaba adornada con gallardetes y banderolas y ocupada por un gran gentío como lo estaban las calles de Soldevila y Gaztambide por las que había de venir el Jefe del Estado”. La plaza de Los Fueros era la misma que la noche del 18 de julio de 1936 tomaron una treintena de falangistas corellanos y que en agosto de ese año recibió brazo en alto a Millán Astray que poco después gritaría “mueran los intelectuales” y “viva la muerte”.
Evidentemente, la seguridad era máxima y entre banderas, guirnaldas y brazos en alto estaban presentes “20 centurias de la Guardia de Franco, falangistas procedentes de diversos pueblos de Navarra, fuerzas del Arma de Aviación y de la Policía Armada de Pamplona”, a las órdenes del capitán Félix Arbeloa. A ellos se unían todo tipo de autoridades a nivel regional, comarcal y municipal, ya que todos los alcaldes y concejales riberos aprovecharon para ver en persona al general. Entre todos ellos quien le recibió fue el primer edil de Tudela, Julio Garbayo (que curiosamente guardaba un gran parecido con Manuel Azaña).
Nada más descender del coche, en la calle Gaztambide (a la taurina hora de las cinco en punto de la tarde), se le entregaron las llaves de la ciudad y sonaron los acordes de la Marcha Real, interpretada por la banda municipal de Tudela, la de Andosilla y de otros municipios (por si era poco una banda), al tiempo que inició una rápida vuelta al kiosco de la plaza Nueva, como si se tratara de la recién creada Revoltosa, para recibir aclamaciones. Como apuntan las crónicas de aquel día, “el alcalde, señor Garbayo, presentó a Franco el libro de oro de la ciudad y estampó su firma, y la señorita María José Garbayo, hija del alcalde, entregó a Doña Carmen Polo una medalla de oro de la Patrona de Tudela que lleva la siguiente inscripción: ‘A la Excma. Sra. Doña Carmen Polo de Franco, el Ayuntamiento de Tudela. 14 de octubre de 1954’”, además de dos enormes ramos de flores que había preparado la sección femenina de Falange de Tudela.
Sin embargo, no existen imágenes de la presencia de la que popularmente se conocía como la collares (por su afición a las joyas).
Como era preceptivo, antes de subirse al coche, y brazo en alto, el dictador prorrumpió en dos sonoros “¡Arriba España!” y “¡Arriba Navarra!”, que “fueron contestados clamorosamente. Esas fueron todas las palabras que pronuncio en su visita a la ciudad. Poco tiempo después llegó a Logroño, donde se le nombró también hijo adoptivo de La Rioja.
Pero no acabó ahí todo. Tras la marcha del generalísimo, el Ayuntamiento de Tudela obsequió con un vino de honor a la Diputación Foral de Navarra. Las Centurias de la Guardia de Franco. y de Falange se dirigieron al Estadio de Educación y Descanso, donde el Subjefe del Movimiento, señor Mosso, hizo la presentación del nuevo gobernador civil, que pronunció un breve discurso diciendo que “para hablar a los navarros basta con abrir la mano y poner en ella el corazón”.
En esos días se pudieron ver artículos dedicados a la figura del dictador en la prensa local, como la que se publicó bajo el título de La sonrisa de Franco que destila todo el estilo servil, excesivo y grandilocuente de la época. “Hoy como ayer, el general Franco sabe sostener el timón cara a la noche y a la tormenta para llevar la nave a puerto seguro. Buen timonel de la dulce sonrisa, siempre a flor de labios. Una sonrisa gentil y natural que es resplandor de un alma sana. La sonrisa con que Franco ha sabido acoger desde su juventud todas las esfinges que la vida puso en su camino”.
Hijo adoptivo y predilecto
En 2006 el Consejo de Europa señaló que Franco “llevó a cabo una política de represión contra cualquier individuo susceptible, según él, de constituir una amenaza para el nuevo régimen” y “creó un sistema político que negaba a la mayoría de los españoles el ejercicio de las libertades y derechos fundamentales”.
Aquel 30 de diciembre de 1947, en pleno ambiente de posguerra y de exaltación patria, el Pleno del Ayuntamiento de Tudela, presidido por Rufino Zuazu, aprobó el texto de la declaración de hijo adoptivo y predilecto de Tudela. “Siente la Ciudad de Tudela una admiración profunda y un cariño singular hacia quien, por su cargo y por sus méritos, ostenta por derecho propio la representación de la Patria, nuestro glorioso caudillo D. Francisco Franco Bahamonde. Y en verdad que pocas veces pueden estar más justificados un afecto y una admiración, pues el Caudillo de España en lo interior, supo preservar a tiempo a nuestra Patria de la amenaza comunista que hubiera convertido el glorioso solar hispano tan cargado de arte y de historia en cuartel general de las hordas comunistas y en lo exterior. No puede uno menos que rendirse asombrado ante la prudencia de quien ha sabido sortear espantosos peligros y presiones inauditas tendentes a que España tomara parte en la más cruel de las guerras con lo cual se hubiera puesto en grave peligro su existencia misma. ¡Sólo una especial providencia y una especial luz del Altísimo hacia la persona de D. Francisco Franco Bahamonde, han podido lograr resultados tan extraordinarios en la gobernación de la Patria! Haciéndose eco este Alcalde que suscribe”.
El pergamino que encargó el Ayuntamiento costó 2.260 pesetas de la época, cuando la entrada de barrera para la corrida de toros del día 26, Santa Ana, de 1947 costaba 25 pesetas. Este documento fue realizado en Zaragoza por Albareda Hermanos y el 21 de enero de 1948 se recibió la confirmación de que tal nombramiento había llegado.
El Ayuntamiento de Tudela, en mayo de 2007 con los votos a favor de todos los partidos de la oposición (PSN, Batzarre e IU), pero con la abstención de UPN retiró el título al dictador, algo que haría tiempo después con el título que también otorgó a Primo de Rivera. Ninguno de los partidos era conocedor de este título y se enteró por un artículo de DIARIO DE NOTICIAS.
El que era alcalde de UPN, Luis Casado, acusó a la oposición de haber presentado la moción por motivos electorales y aseguró que “no creemos ni en unas dictaduras ni en otras, pero lo que puedo asegurar es que jamás hubiera hecho hijo adoptivo a ese señor”. La portavoz de su partido, Mariví Castillo, reprochó que se presentara esta moción. “Somos, pese a lo que algunos quieren achacarnos, hijos de la democracia del 78 y no, como pretenden otros, herederos casi biológicos de un régimen franquista y totalitario del que ya dimos muestras de nuestro rechazo. Ninguno nos va a enseñar a UPN valores más democráticos que los que tenemos”, al tiempo que explicó que “el acuerdo de 1947 está tan fuera de contexto como los tomados en 1600. Nuestra postura ante esta moción será de abstención. Esto a nosotros no nos cambia la percepción democrática, pero tampoco pretendemos que no salga adelante”.