“Que mi pequeña gran familia no se quede sin farmacia”. Ésa es la gran preocupación que tiene la boticaria Inmaculada Capilla Frías que, tras 28 años desde que llegara a la farmacia de Auritz/Burguete, por circunstancias personales echa el cierre y busca su traspaso.

No está siendo nada fácil, por un lado, su jubilación no fue como hubiera deseado, ya que un cáncer y la enfermedad del lupus contra la que lleva tiempo luchando le ha dejado en silla de ruedas, alejándola de la farmacia y viéndose en la obligación de contratar a una empleada; por otro, porque lleva tiempo queriendo traspasar su negocio ubicado en un lugar estratégico del Pirineo Navarro, sin encontrar a nadie que desee continuarlo. “He luchado todo lo posible por mi vida y por mi botica. Por mi vida hago lo que puedo, pero para la farmacia tengo que poner fecha ya porque duele mucho. Me supera casi más que la enfermedad”, confiesa, sin perder el humor.

Y es que, para Inma, una andaluza profundamente creyente que vive su fe con pasión y entrega en todo lo que hace, la farmacia ha sido su vida. “Yo estaba enamorada de mi profesión y sigo enamorada de mi profesión. He tenido mucha suerte”, admite. Llevaba años trabajando en una farmacia del barrio de San Jorge de Pamplona cuando, decidida a volver a su tierra natal, se enteró de que vendían la farmacia de Auritz/Burguete, abierta desde la década de los 80. “A mí siempre me ha tirado mucho el pueblo. San Jorge era como un pueblo y siempre me ha gustado ese contacto con la gente”, admite.

“Yo estaba enamorada de mi profesión y sigo enamorada de mi profesión. He tenido mucha suerte”

Así que, en abril de 1998, tras comprarla junto a su hermano, se trasladó a vivir a esta villa pirenaica, sintiéndose acogida desde el primer momento, no sólo por la misma localidad, sino por los pueblos de alrededor. “Mi pueblo es mi gente, que siempre ha sido y son mi pequeña gran familia. He sufrido sus enfermedades y he despedido a muchos, pero también me he alegrado por nacimientos y acontecimientos más felices”, apostilla.

Desde entonces, Inma ha trabajado incansablemente para sacar adelante esta farmacia rural. Fue pionera en un proyecto a nivel de Navarra de dosificación de medicamentos, avalado por el Colegio Farmacéutico y el equipo sanitario del Centro de Salud de Auritz/Burguete; ha participado en actividades de salud dental con el alumnado de la escuela del pueblo y también ha promovido cursos sobre el alzhéimer con AFAN.

Son una multitud las vivencias que ha tenido a lo largo de estas décadas y recuerda con cariño esa solidaridad que “sólo pasa en los pueblos”, por ejemplo, la inquietud compartida cuando la vecina de enfrente, Manuela, no levantaba las persianas, las confidencias improvisadas en el banco que ella misma colocó en la farmacia para invitar a la conversación o aquella nevada de 2013 en la que los vecinos construyeron una escalera improvisada para poder acceder al local.

Como lugar de paso del Camino de Santiago y por su cercanía con Orreaga/Roncesvalles, también atesora incontables vivencias con caminantes que encontraban en la farmacia no sólo una atención sanitaria, sino también cercanía. Así lo reflejan las postales que le enviaban los peregrinos desde Santiago como agradecimiento. Sin embargo, enclavado en una zona rodeada de naturaleza y rutas de senderismo, su mostrador ha sido también refugio para aficionados a la montaña, cazadores, recolectores de hongos y turistas sorprendidos por pequeños percances. “En mi vida he visto una zona más bonita, y es que, además, tiene todos los servicios. En mejor pueblo no puedes caer”, dice orgullosa.

“En mi vida he visto una zona más bonita, y es que, además, tiene todos los servicios. En mejor pueblo no puedes caer”

Gran oportunidad

Por eso, el cierre, insiste Inma, no responde a una cuestión económica, sino a la enfermedad y al deseo sincero de que un servicio tan esencial y en el que ella ha sido tan feliz, no desaparezca. De hecho, Inma lo traspasa a un precio ajustado (llamar al 659 841 757), sin ánimo de lucro y con todo el stock incluido, garantizando la continuidad de los mismos clientes. “La farmacia funciona muy bien. Hay mucha gente mayor, el Centro de Salud está al lado, y pasan muchos turistas y peregrinos. Además, el año que viene es Año Jacobeo, y eso trae mucha gente”, asevera.

Aún más, tanto ella como la actual empleada están dispuestas a acompañar y facilitar la transición a quienes tengan interés en continuar. En un entorno privilegiado y con una inversión muy baja, esta botica rural es una gran oportunidad para cualquier emprendedor, con rentabilidad demostrada y, sobre todo, el privilegio de salvar servicio esencial para toda una comunidad. “La gente no compra la farmacia porque no tiene ni la menor idea de lo bonito que es tratar con la gente de aquí. Es un regalo para nuestra profesión”, concluye, deseando que continúe esta bonita historia.