Se cumple un siglo desde que los Corazonistas llegaron a Altsasu, un aniversario redondo que conmemorarán a lo largo del año con un programa de actividades abiertas a toda la ciudadanía de Sakana. “Queremos compartir, encontrarnos y mirar juntos al futuro. Invitamos a las familias a conocer de cerca nuestro proyecto, abrir nuestras puertas al pueblo y seguir construyendo juntos, los próximos cien años”, señala Eva Uriz Urrestarazu, directora titular del centro.

Las celebraciones comenzarán este viernes, de 15.30 a 17.30 horas, con una tarde festiva a la que invitan a niños y niñas de todas las edades, sean o no alumnado del centro. El programa incluirá talleres y diferentes propuestas lúdicas y educativas adaptadas cada edad, inspiradas en el carnaval rural y en valores como la convivencia, la creatividad y la inclusión.

“El objetivo de este centenario es dar a conocer nuestro proyecto educativo, seguir fortaleciendo la relación del colegio con el entorno y acércalo a nuevas familias que buscan una educación cercana, humana y comprometida”, incide Uriz.

Un colegio que ha crecido junto al pueblo

Cuando los Corazonistas llegaron a Altsasu en 1926, esta localidad contaba con alrededor de 3.000 habitantes. Desde entonces, el centro ha evolucionado de la mano del municipio, adaptándose a los cambios sociales y educativos de cada época, manteniendo siempre un fuerte vínculo con el pueblo.

Aunque en sus inicios era un seminario, su relación con Altsasu ha sido constante. Prueba de ello es en 1935 a 1970 los Corazonistas abrieron, a instancias de los Ferrocarriles del Norte, la Escuelilla San Francisco Javier en el espacio anteriormente ocupado por la clínica. La Casa de Salud fue derruida en 1985 y en su lugar se levantaron las instalaciones deportivas cubiertas.

El actual colegio comenzó su trayectoria a finales de los años 90, tras la fusión del antiguo seminario con el centro de la Hermanas de la Compasión. “Gracias al esfuerzo de toda la comunidad educativa, hoy mantiene como eje una educación integral, basada en el acompañamiento personal, la convivencia y el respeto a la diversidad”, señala la directora. Al respecto, recuerda que el centro ha recibido en los últimos años diversos reconocimientos pro su compromiso con la educación y el medio ambiente, participando en iniciativas de sostenibilidad y representando a Navarra en encuentros educativos a nivel estatal como un premio del Ministerio de Medio Ambiente en 2007, otro de A3 Media por el proyecto Sakanarum y al año siguiente de la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente sobre apadrinamiento y geolocalización de árboles singulares, entre otros.   “Más allá de los premios, lo que define al colegio es su apuesta por una educación que integra al alumnado de diferentes realidades y forma personas críticas, responsables preparadas para la vida”, subraya.

Formación educativa en Infantil, Primaria y Secundaria

Este centro concertado ofrece etapa de Infantil, en el modelo B-PAI, con 14% en castellano, 18% en inglés y 68% en euskera. En Primaria el 28% es en castellano, 22% en inglés y 50% en euskera. También imparte Educación Secundaria Obligatoria, en el modelo A reforzado en euskera en varias asignaturas. Este curso son 200 alumnos y alumnas, con 25 profesores y profesoras de la zona.  

El proyecto educativo se articula en torno a cinco ejes principales: la educación personalizada, el aprendizaje basado en valores, el acompañamiento tutorial, el refuerzo de la lectura, escritura y enseñanza de las matemáticas. Desde el colegio destacan el proyecto Ekokoras, en el que se trabaja el cuidado del medio ambiente fuera del horario escolar de forma voluntaria desde hace 18 años. 

El Seminario de Corazonistas tras la primera reforma a finales de los años 20. Cedida

Orígenes: del balneario al colegio

Los Corazonistas se instalaron en Altsasu tras comprar sus propiedades a la familia Prim y al Obispado de Pamplona con el fin de trasladar su seminario de Ibarra (Gipuzkoa) a la villa. La primera propiedad era la Casa Salud, que integraba una clínica ortopédica con un balneario de aguas sulfurosas, de batueco, abierto en 1870 por las hermanas Ignacia y Estefanía Uranga. Ese año el agua fue declarada de utilidad pública y en 1876, tras la tercera Guerra Carlista, comenzó su explotación efectiva. En 1901 Pedro Prim lo adquirió y volvió a Altsasu con su negocio de ortopedia tras residir 11 años en Vitoria. Abordó la mejora de las instalaciones y amplió con un segundo edificio. En 1918 la familia Prim trasladó el negocio a Madrid, donde continúa, y tras 50 años de vida la última temporada del balneario fue la de 1919