El Bungee, un deporte tailandés que mezcla acrobacias y artes circenses y que es pionero en Navarra
Katia Azkona impulsa en la CD Amaya este deporte de origen tailandés y pionero en Navarra, que mezcla acrobacias, artes circenses, fuerza y bienestar emocional, a la vez que rompe estereotipos de género
Que el bungee workout tenga un espacio en Navarra es gracias a una “buena pedrada” que tuvo Katia Azkona hace cinco años, cuando comenzó su andadura como instructora y pionera de este deporte en la Ciudad Deportiva Amaya. Y como toda casualidad –que está llena de encantos– apareció a través de la anécdota más ordinaria. Una amiga suya le envió un vídeo donde le enseñaba que había realizado una nueva actividad y Katia quedó fascinada. “En ese momento, me decidí formar con la chica que trajo este deporte hasta el Estado con mi ilusión y mi locura”, cuenta. Pero llegó la pandemia y aquella “pasión” se quedó resguardada en un rincón, a la espera de poder saltar, tirarse al suelo y “hacer el mono”, bromea. Hasta que ya en 2021 ocurrió una nueva casualidad que le permitió empezar a desarrollar lo que, de alguna manera, es ahora su sueño. O, más bien, una forma de rescatar a aquella gimnasta que un día fue.
El bungee workoutes una disciplina tailandesa que se entiende como una fusión entre entrenamiento funcional –ejercicios de fuerza, equilibrio, estabilidad y coordinación–, acrobacias y técnicas circenses. Para poder practicarlo, es necesario el uso de arneses y cuerdas elásticas –a modo de resistencias contra la gravedad– y permite realizar ejercicios de bajo impacto aunque de alta intensidad. “También se pueden incorporar mancuernas, pelotas y hacerlo todo lo difícil, duro y efectivo que uno quiera. Lo esencial, es que es muy aeróbico y tiene mucho enfoque en el core”, explica Azkona. Por todo esto es también una muy buena alternativa para que, personas en recuperación de lesiones o con movilidad reducida, puedan entrenar de forma segura. “También es algo que se utiliza en las películas a la hora de crear efectos especiales como explosiones”, apunta Katia.
Beneficios físicos y emocionales
En el caso de sus clases, como son grupos heterogéneos –de no más de diez personas–, suele hacer coreografías con saltos porque “lo que yo propongo es algo para que todas puedan disfrutar. Aunque también hay días en los que les meto más de caña y me dicen que les tendría que haber avisado antes para no venir”, se ríe. Con todo, más allá de los beneficios físicos –que son muchos–, también es bueno a nivel mental porque “te das cuenta de que con poco puedes llegar a hacer grandes cosas. En apenas unas sesiones, pierden el miedo de saltar y tirarse al suelo porque tienen vértigo y la cabeza se niega a hacer el movimiento. Pero con disciplina y conciencia postural, pueden llegar hacer el pino o volar. Y es tan agradecido... porque a la mínima le coges el gusto porque te salen trucos que, de cualquier otra manera, sería imposible hacerla”, dice. De hecho, reconoce que es un poco “sargento” con la técnica y la respiración “porque es la manera de que la gente no se haga daño”.
Asimismo, también destaca que muchas mujeres llegan a las instalaciones “después de trabajar, de haber estado con los niños, de un día largo, etc.” y lo que necesitan es “moverse y soltar todo el estrés”. Es más, ella menciona que prefiere unirse a ellas y colgarse de un bungee para que las practicantes puedan ver cómo se realiza el ejercicio sin la necesidad de ponerse a pensar. “Es una manera de que se relajen y suelten todo. Vienen a quitarse todo el estrés del cuerpo y liberar tensiones. Porque lo mejor que puedes hacer después de estar todo el día trabajando es mover el cuerpo y hacer ejercicio. Pero también es bonito porque muchas vienen por el buen rollo que hay”, expresa. Tanto es así, que Katia admite que se genera un vínculo tan íntimo que surge una pequeña “familia. A final de curso les entrego un diploma especial que relaciono con algo que ha pasado durante el curso. Por ejemplo, tengo un grupico que se llaman a sí mismas ‘las chicas de oro’ y eso aparecerá en el de este año”.
¿Un deporte de mujeres?
Y pese a que se trata de una actividad muy divertida “que engancha después de practicarla”, lo cierto es que desde que Katia imparte sus clases, apenas han ido hombres –hubo un año que tuvo un chico– y el resto de las alumnas han sido mujeres. “Me llama mucho la atención porque a veces pienso que es porque el arnés les puede hacer más daño, pero también veo que escalan y que los usan. Y, de hecho, veo vídeos y cuando los ejercicios son más coreografiados hay más chicas, pero si se trabaja fuerza ya empiezan a aparecer chicos”. Y es algo que no entiende. Porque, de alguna manera, se estigmatiza el deporte y se relaciona que “lo aeróbico es para chicas y la fuerza para los hombres. Es lo mismo que pasa en zumba. La sociedad tiene mucho por hacer, pero da mucha pena porque no van a poder disfrutar del bungee”. Pero con tan solo una clase serían capaces de sentir lo mismo que Katia siente cada vez que se engancha al mosquetón y, de alguna manera, revive aquellos años en los que practicaba gimnasia artística, pero también descubre que no hay nada imposible y que puede convertir el miedo en una pequeña victoria que solo se entiende cuando se le pierde el miedo a caer.