el genocidio o masacre de la población armenia y asiria fue una deportación forzosa, y exterminio en masa que ocurrió en los compases iniciales del siglo XX, y está cifrado en entre un millón y medio y dos millones de muertos. Estamos pues ante el 100 aniversario de una tragedia de la que los herederos de los responsables de aquella masacre no sólo no admiten la fechoría sino que están maniobrando para que aquellos luctuosos hechos se queden en el olvido o se dulcifiquen.
Pese a que los primeros casos de abusos y pogromos contra las minorías cristianas de armenios, asirios y griegos comenzaron en durante el siglo XIX, es a finales de ese siglo y bajo el reinado del Califa Abdul Hamid II cuando comenzó la primera masacre a gran escala.Tras perder buena parte de los Balcanes por el Tratado de San Stefano, el Califa se fijó en la minoría armenia y ante el temor de que esta región también quisiese desgajarse del Imperio ordenó una masacre a gran escala de sus habitantes estimada en 300.000 muertes.
Previa a la de 1915 hubo en 1909 otra masacre, ésta a menor escala en la ciudad de Adana, pero es en el fragor de la I Guerra Mundial, y ya con los Jóvenes Turcos asentados firmemente en el poder, cuando éstos, alegando otra vez un levantamiento armado armenio para declarar la independencia, deciden la deportación masiva armenios y asirios hacia la Anatolia Sudoriental (sur de la actual Turquía) y a Siria. Esta deportación en realidad se convirtió en una larga marcha en condiciones infames y un internamiento en campos en el desierto sirio en espera de ejecución que provocó más de un millón de muertos en un periodo de cerca de 10 años y que coincidió con la represión de un alzamiento de griegos ponticos del norte de Anatolia.
Reconocimiento de los genocidios
Turquía,ya sea con gobiernos laicos-Kemalistas o de los Hermanos Musulmanes como el de Erdogan, se vale de amenazas más o menos veladas contra los poderes ejecutivos o legislativos municipales, regionales y estatales de todo el mundo para evitar el reconocimiento del genocidio, tanto es así que poco más de 20 países han aprobado mociones de condena así como diferentes parlamentos regionales a lo largo del planeta. El caso asirio es el más triste porque debido al escaso número de supervivientes no existen grupos de presión en el extranjero que defiendan su causa y sólo el Parlamento de Suecia ha reconocido el genocidio.
En un contexto más amplio, para estudiar las responsabilidades de este genocidio podemos observar que si bien la organización, diseño y ejecución del mismo fue realizado desde centros de poder, ya sea en su vertiente del Califato Otomano, ya sea en su vertiente de los Jóvenes Turcos con una intención de turquificar el país en base a la ideología turanista, no pocos contingentes kurdos, circasianos, azerís y chechenos se sumaron a la ejecución del plan de exterminio ya sea por ideales religiosos, políticos, venganzas o simplemente por la simple rapiña y violación con el beneplácito del poder.
Los kurdos nucleados al KCK han reconocido que sus antepasados cometieron genocidio contra las minorías armenias y asirias y están obrando en consecuencias con actos de reparación, homenaje y un proyecto político multicultural y multiétnico como base ideológica del BDP. Sin embargo Azerbaiyán, junto a Turquía, se niega a reconocer el genocidio pese a que ellos se encargaron, de manera coordinada con Turquía, de realizar la limpieza étnica de armenios y asirios dentro del Imperio Ruso y en el periodo que tanto Armenia y Azerbaiyán fueron independientes previa a la absorción por la URSS.
Recientemente se ha intentado romper el hielo entre Turquía y Armenia pero los resultados han sido nulos ya que Turquía usa el cierre de su frontera con Armenia, tras la guerra armenio-azerí por Nagorno Karabaj, para condicionar su levantamiento a que Armenia deje exigir internacionalmente el reconocimiento del genocidio y que éste se resuelva en una Comisión Turco-Armenia de Historiadores, siendo dicha medida rechazada de plano por los armenios.
Conclusión
A lo largo de estos últimos años los parlamentos de Baleares, Catalunya, Euskadi y Navarra han aprobado mociones de reconocimiento del genocidio pese a las presiones remitidas por el Ministerio de Exteriores de Turquía tanto a parlamentos y gobiernos (ya sean estatales o autonómicos) como a los medios de comunicación en un intento de condicionar o evitar la condena de unos hechos que son públicos, notorios y de una enorme gravedad.
La muerte de cerca de dos millones de personas es un acto que no puede, ni debe ser obviado por la Comunidad Internacional y por ello que las instituciones políticas han de poner a Turquía frente al espejo de sus crímenes contra la población armenia y asiria, afeando su postura negacionistas y condenándola tantas veces como sea necesario hasta que reconozco el daño que ha provocado y establezca los instrumentos y actuaciones necesarias para resarcir a las víctimas, a sus descendientes y a los pueblos armenio y asirio y no hemos de cejar en el empeño para que en un futuro ningún aspirante a genocida pueda usar el olvido del genocidio como argumento para incitar a sus partidarios a cometer crímenes de guerra y contra la humanidad.
El autor es miembro de Geroa Bai