La Federación Española de Fútbol, que basa sus ingresos en jugadores a los que pagan otros, está enfadada con el Barcelona porque el club catalán trató de su pubalgia a su jugador Lamine Yamal el lunes a la mañana y no se lo comunicó antes a la Federación. El tratamiento fue comunicado a las 22.40 e incluía reposo para 7-10 días, lo que impedirá de facto que Lamine Yamal juegue con la selección española dos partidos clasificatorios para el Mundial. Lamine, que arrastra lesiones y molestias hace tiempo y que para sus 18 años y poco ha jugado 85 partidos en los últimos 20 meses, ya jugó infiltrado en la selección, lugar en el que se han lesionado últimamente varios jugadores del Barcelona.

Hay bastantes jugadores –caso de Nico Williams, con parecida carga de partidos que Lamine y también muy joven– que acusan lógicamente el ritmo de competición y más en casos en los que se ha debutado a una edad muy temprana y con éxito, lo que ha convertido por ejemplo a Lamine en imprescindible tanto en su club como en la selección. Por eso es de cajón que el club que le ha formado, que le paga y que es el que más espera de él en cuanto a rendimiento sea el que decida cómo y cuándo hay que tratarle y de qué, al margen de lo bien, mal o regular que eso le pueda venir a la selección española, que es importante, claro, pero que no deja de ser la guinda del pastel. Por eso el mosqueo de la Federación no tiene más sentido que el de malmeter y enconar algo que ya si inició hace algún tiempo y que incluso llevo a Hansi Flick, entrenador culé, a quejarse de determinadas prácticas con Lamine y otros. Pero es que no tiene mucho recorrido la polémica: Lamine es un lujo para Barça y selección y si ambos quieren seguir disfrutándolo hace bien el Barça en cuidarle, porque la selección no lo va a hacer. Porque al menos en esto el que paga cuida más y mejor que quien recibe todo gratis.