Han pasado tres años desde que Enrique Maya tuvo la ocurrencia de erigir –cada vez que leo o escribo erigir me acuerdo de Krahe y su Villatripas de Arriba: ¡Erigir un monumento, un auténtico portento, que a los de abajo asombrara, una escultura bien cara, como dijo el pregonero, que costara su dinero!– una bandera de Navarra así gansa y tocha en los Fueros y que según he leído ya nos ha costado entre instalación y arreglos y sustituciones e izados y bajadas y todo el monario nada menos que 300.000 euros.

La bandera de Navarra para que se vea que estamos en Navarra –lo marca en todas las carreteras de entrada, en todos los ayuntamientos, en Google Maps, en los libros de historia– es, lógicamente, una aldeanada revestida de populismo barato para afianzar identidades ante el exterior, una jugada completamente evitable, demodé, ostentosa y que es hasta risible tener que escribir que innecesaria, pero es que es muy innecesaria, por mucho que vivamos en el mundo este de, algunos, tener que andar sacando pecho. Leo que el ayuntamiento invertirá este año 1,6 millones de euros en la gestión del Centro de Atención a Personas sin Hogar y de otros recursos de alojamiento para paliar la exclusión social, una realidad irrebatible y que no es un problema solo local o foral pero que está generando situaciones muy duras en los últimos años por el aumento de personas sin techo.

Pues esos 300.000 euros –y otros tantos que se gastan en chorradas, no diré que no– fíjate qué bien podrían estar metidos en caja para hacer frente a estas cosas u otras claves, en lugar de andar con gastos idiotas que solo sirven para levantar el orgullo de 4. Maya ya cambió el nombre de Avenida del Ejército. No veo qué problema tiene Asiron en quitar esa bandera y que no cueste un clavo más. Y vaya por delante que antes de nada me siento navarro, aunque poco, y casi exclusivamente. Pero es un gasto bobo.