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A pie de obra

Paco Roda

El sueño

El sueñoEuropa Press

Quizá el mundo se esté saliendo de sus bisagras. Y no haya palabras para entenderlo. Si no, cómo se explica que entre un niño asesinado y un tanque israelí que dispara, no pocos políticos y ciudadanos empaticen con el tanque. Siguiendo esta deriva salvaje, Trump justificó el otro día que un matón del ICE, esa banda de mercenarios caza inmigrantes, hiciera bien su trabajo asesinando a sangre fría a una ciudadana norteamericana que protestaba desde su coche por la persecución de sus vecinos pobres de piel oscura.

Desde que llegó a la Casa Blanca, este hijo póstumo de Adolf Eichmann, se ha pasado el derecho internacional, la diplomacia y los derechos humanos por el arco del triunfo. Ha apoyado el genocidio palestino, atacado a Irán, bombardeado Nigeria y dado un golpe de estado en Venezuela. Ahora amenaza a Groenlandia y sigue enfrentándose a Rusia vía Ucrania alterando el monopoly mundial absolutamente desquiciado. Trump es la reencarnación del viejo orden fascista que surgiera tras la República de Weimar solo que, a sabiendas que esto es un déjà vu, tanto las ultraderechas mundiales como las grandes corporaciones tecnológicas y armamentísticas, se apuntan al festín, aunque la sangre corra a raudales.

Frente a un tipo así la mente te lleva a lugares oscuros, a una psicodelia extrema que te deja sin aliento. Entonces, el teclado del ordenador se encabrona. Y no quieres. Y te acuerdas de Joan Peiró, el cenetista catalán que dijo que la mejor manera de tratar a un matón es darle “una patada en la cruz de los pantalones”. Poco me parece. Quizá por eso la otra noche me desperté en medio de un sueño donde Thomas de Quincey me leía un capítulo de su libro Del asesinato considerado como una de las bellas artes que, como sabrán es una obra maestra de la sorna y la ironía aplicadas a la literatura. Pero yo me lo tomé muy en serio. Tanto que a la mañana siguiente la noticia apareció en los periódicos. Ya me entienden.