La obsesión de Tejero por la situación en “el Norte” fue más que evidente. Los documentos desclasificados del 23F revelan que Defensa planteó una intervención militar coordinada que abarcaba las tres provincias (Álava, Guipúzcoa y Vizcaya) para neutralizar sus instituciones: el Concierto Económico, el Convenio navarro y los nuevos Estatutos. Para la mentalidad de Tejero y los conjurados, el Amejoramiento del Fuero y el acercamiento político entre Navarra y Euskadi en aquellos años de la Transición eran vistos como parte del mismo proceso de “desmembración de España”.

La creación de la Ertzaintza o el desarrollo del Estatuto de Gernika no eran avances democráticos sino la entrega de las llaves del territorio a los “separatistas”. El “peligro” que vendían a otros mandos militares era que el Gobierno de Suárez estaba “arrodillado” ante el terrorismo, lo que justificaba una intervención militar para “pacificar el Norte”. Y Navarra era el “flanco de seguridad” que garantizaba el control de la frontera y el acceso a la meseta. Temían que, si Navarra consolidaba su autogobierno, se activaría la Disposición Transitoria Cuarta de la Constitución, creando un “bloque separatista compacto” que haría ingobernable el resto de España.

45 años después del intento de golpe de Estado persisten “nuevos Tejeros” que siguen sin respetar la pluralidad territorial y que han pasado de cuestionar la independencia a poner en la diana el mismo autogobierno, anomalías que hay que recentralizar. La herencia de un miedo que no cesa.