Es de noche en una ciudad cualquiera de Estados Unidos. En realidad, ‘cualquiera’ no es el calificativo apropiado porque el espíritu que hace palpitar Nueva York, Tejas o Nashville por ejemplo, su cultura social y demográfica y el peso de sus principios son los de tres planetas de distintas galaxias. Pero en fin, en esta historia emplearemos ‘cualquiera’ porque no sabemos en qué ciudad transcurre.

Es de noche –continuemos– en una acera iluminada por farolas, por ese tipo de luz que nos hace parecer enfermos de ictericia y quince años más viejos al mismo tiempo. La acción ocurre junto a la entrada de un edificio con puertas de aluminio. Cuando el móvil se mueve al fondo del plano se aprecia una pequeña aglomeración de cuerpos, brazos y piernas que entran y salen.

Aviso, aunque aún no lo parezca, la escena y el tono son un canto a la vida. Con el móvil en modo selfie un hombre que puede rondar los veintitantos años se ríe como un niño, con una pureza y una honestidad que desarma. Se ríe de algo que ocurre a su lado y le afecta muy directamente. Una mujer que podría ser su abuela, raza blanca, cabello rubio, escondida tras unas gafas de sol negras en plena oscuridad nocturna, está llamando con su móvil al ICE.

Está pidiendo a un agente del Servicio de Inmigración de Estados Unidos que se acerque a deportar a ese hombre, el que graba la escena en modo selfie. El hombre tiene piel oscura, cabello negro y largo y los rasgos faciales de uno de los pueblos indígenas que poblaban el norte de este continente mucho antes de que lo ocuparan los colonos blancos. Milenios antes. Es descendiente de indios americanos. Esa tierra era suya. Mucho antes de que llegaran las farolas de luz horrible, la acera, las gafas de sol y el móvil. Mucho antes de que se la robaran los antepasados de esa señora. Por eso se ríe como un niño. Porque la escena es ironía pura. Ella cree que es un inmigrante que ha entrado en ‘su’ país y exige que lo expulsen ya. El sentido del humor de este hombre en una situación tan tremenda me parece diamante. Y ella, otra hija de Trump.