Para hacer que 'América sea grande' a los demás nos toca encoger. Así de simple. Si nos volvemos diminutos Trump se creerá enorme. Los estadounidenses, pobrecitos, han estado constreñidos y los europeos hemos vuelto a vivir por encima de nuestras posibilidades, materiales y democráticas. Así que el amo y señor ha ordenado penitencia para los canijos.

Como en el superhombre de Nietzsche, Trump se rige por sus propios códigos. Su concepto de grandeza tiene un componente feudal. El presidente de EEUU se despliega como un jefe hiperactivo y eso vende en un sistema como el nuestro. Una sociedad basada en el consumo adora las novedades. Con Trump las tiene, aunque se parta la quilla del barco. Esta semana hará un año de su segunda investidura.

Hablemos claro

Otro retrato de época, este exclusivamente doméstico: insultar al presidente del Gobierno español al grito de ‘hijo de puta’ es fascismo puro y duro, con todas las letras. Flemas contagiosas, en tanto que si Sánchez es un hijo puta, por la misma regla de tres también lo es usted por votarle, por consentirle o por justificarle, y yo por escribir esta columna y este periódico por publicarla, y así una progresión geométrica.

Y luego está la gente de estilo más moderado, de supuesta concertación, que dice que muy mal lo de insultar, pero que la culpa es del propio Sánchez, que el PSOE va con la frente muy alta, la lengua muy larga y la falda muy corta, parafraseando la célebre letra de Sabina.

Sabe Sánchez que va a ser vituperado hasta la extenuación, pero también que Feijóo camina sobre los cristales que rompe Ayuso. Sánchez necesita tiempo y Feijóo necesita carisma. Al presidente del PP le falta autoridad interna, un pésimo mensaje para un partido de derechas. Y mientras todo eso pasa, el tiempo comprime a otra gallega, Yolanda Díaz, líder rebajada por cambio de temporada en Almacenes Maíllo. Podría haber sido ‘solo’ una estupenda ministra, pero se nubló. Díaz es hoy pantalla provisional, gerencia interina, y supone un problema.

Para hacer que 'América sea grande' a los demás nos toca encoger. En Europa hemos vuelto a vivir por encima de nuestras posibilidades

El precedente

Unas notas más sobre el tsunami autoritario: “Si Europa hubiera reaccionado con las medidas necesarias frente al genocidio israelí en Gaza, quizá hoy la correlación de fuerzas sería diferente”, ha escrito la periodista Olga Rodríguez. “No lo sabremos nunca, porque la UE (...) avaló –y avala– la impunidad israelí”. Reflexión certera, porque si buscamos ser convidados de piedra nuestro destino es ornamental.

Por cierto, Francesca Albanese, jurista internacional y relatora especial de la ONU, está a punto de sacar libro con Galaxia Gutenberg: Cuando el mundo duerme. Historias, palabras y heridas de Palestina. Hasta el año pasado, toca recordarlo, fue una administración demócrata la que apoyó a Netanyahu. Harris perdió las elecciones en EEUU y hoy nos preguntamos por las razones del inmenso poder de Trump.

El horror de Gaza era la evidencia de un desastre global, de un descenso colectivo que por su esencia traería consecuencias. ¿Qué hacer entonces? "El conocimiento es un arma fundamental”, recuerda Albanese. Tal vez entonces sea preciso desarrollar una cultura del reaprendizaje. Para comprender mejor lo que está pasando, para repensar coordenadas. Como ha escrito el periodista Enric González, un mundo que “depende de la moralidad de Trump pinta fatal”. Eso exige recalcular rutas y un plus de valor y audacia.