Cuando el alquiler de bicicletas eléctricas se implantó en Pamplona a finales de 2021, muchos corrimos a estrenar una de las 240 primeras –ahora son 400– a nuestra disposición en las estaciones de recarga. La idea fue un éxito creciente al que se apuntaron gentes de todas las edades. Coger una bici para ir al centro de estudios, al especialista en la zona de hospitales, para un recado en un punto alejado de nuestra casa o para darse una vuelta por barrios diferentes al de cada uno se convirtió en algo habitual pese a que pronto supimos que aquello, barato-barato no era.

Ha pasado un lustro y las numerosas trabas en este servicio, las repetidas disputas entre el Ayuntamiento y la empresa concesionaria, amenazan con el cierre del mismo y semejante posibilidad sería una auténtica faena para miles de usuarios. Dice el Consistorio que estudia romper el contrato y poner en marcha un nuevo sistema por los continuos problemas con Ride On y su falta de calidad técnica y esta firma asegura que paralizará la actividad el próximo viernes por los impagos municipales.

Añado yo que perder esta alternativa de movilidad es un gran retroceso en todos los órdenes porque se trata de un verdadero servicio público, que debiera extenderse a la Comarca y aspirar a ser financieramente sostenible.