Cuando era chaval y algo más mayor los nombres de Erika Hess, Vreni Schneider, Anita Watcher, Maria Walliser, Pernilla Wiberg, Blanca Fernández Ochoa, Ingemark Stenmark, Phil y Andreas Mahre, Pirmin Zurbriggen, Marc Girardelli, Alberto Tomba u otros tantos y tantas sonaban en los canales de televisión únicos que había en España. Las estrellas del esquí mundial, al igual que las estrellas de otros deportes, eran vistas y conocidas ya que sus pruebas de Copa del Mundo, Mundiales y Juegos Olímpicos se televisaban por La 2 y en ocasiones hasta por La 1.

Desde hace muchos años, como sucede con los actuales Juegos Olímpicos de Invierno, la retransmisión en España corre a cargo de Teledeporte y el eco que todo obtiene en Teledeporte es infinitamente menor que cuando la retransmisión se pasa a La 1 o La 2. El ejemplo más claro es las audiencias que logra la Vuelta a España en unos u otros canales. Ahora mismo, tengo serias dificultades para conocer algún nombre estelar –para nuestra generación el saltador de esquí Matti Nikaenen era un mito, ahora no sé quién conocerá a los saltadores de esquí más allá de 4 aficionados– del esquí mundial y de la misma manera es más complejo seguir la actualidad o el día a día de muchos deportes que se televisan por canales de pago o minoritarios.

Para un chaval de hoy día, conocer quién es Rybakina o Sabalenka en tenis es mucho más inusual que lo fue para nosotros ver decenas de partidos de Graf o Navratilova o Sabatini. Lo mismo sucede con la ACB, la NBA y muchos otros deportes en España que, a excepción del fútbol, han perdido espectadores, patrocinios, seguimiento y, en resumen, impacto e importancia. Un buen atleta de los 80 o los 90 podía vivir bien de ello. Hoy, apenas unos pocos sobreviven gracias a becas y ayudas. Para la visualización del deporte femenino, también es un problema. Habría que darle una vuelta a todo este pastel.