Por un lado tenemos la reivindicación del español como idioma y de la comunidad latina e hispana en Estados Unidos y en América, lo que está muy bien y más en el contexto actual con Trump haciendo el animal, y por otro está el aspecto musical.
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Vamos, que en lo de Bad Bunny en la Super Bowl se mezclan muchas cosas que nada tienen que ver unas con otras, alcanzando, tanto en halagos como en críticas, cotas épicas, sobre los hombros de un puertorriqueño que ha hecho de las letras sexualizadas y del reguetón su bandera, aunque, según leo, ahora sus letras son más políticas, algo que no obstante ni es un plus musical ni un debe musical, en nadie.
Me puse los 13 minutos de actuación y a Dios gracias actuaron Lady Gaga y Ricky Martin –quién me iba a decir a mi hace 30 años que iba a agradecer oír a Ricky Martin– para minimizar los ratos en los que cantaba-recitaba el bueno de Bunny, que tiene esa entonación entre pasota, malota, dejada, falta de ganas y llena de jerga que es, junto con los ritmos caribeños, la base del reguetón y que, a lo que se ve, es lo que les gusta a la chavalería de hoy día, puesto que el tipo es el artista más escuchado del mundo y en una lista que leí hace poco acerca de los 10 artistas más oídos en 2025 en España en Spotify había 7 puertorriqueños, 1 colombiano y 2 españoles de esos mismos estilos.
El 'efecto Super Bowl': Bad Bunny pulveriza todos los récords en Spotify
Claro, yo antes prefiero tener 7 días más de agua –aunque no sé, la cosa ya se está empezando a pasar de castaño oscuro– que tener que oír un día entero esta música, pero tampoco sé si lo puedes decir muy alto porque te llaman carca y no sé qué más. Ahora lo que se lleva, incluso en gustos musicales, es decir que guay, que son musicazos y que tienen un talento desbordante. Yo, sintiéndolo mucho, no soy de esa opinión, más bien la contraria. Pero bueno, mientras no la escuchen sin cascos y nos la pongan para todos, que oigan lo que quieran. Ey.