Aunque soy irremediablemente empática por naturaleza, existen posturas que por mucho que lo intento no alcanzo a entender. Este miércoles se celebró el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia en una larguísima lista de países de todos los continentes y en el Parlamento de Navarra no se pudo sacar adelante una declaración institucional para sumarse a esta celebración por un voto en contra.
A estas alturas ya sabréis todas y todos de quién fue ese voto. De ese señor que está solo y sin grupo propio desde la bronca con su socia, que abandonó el partido y sigue como parlamentaria, pero no adscrita. Toca mucho las narices que este señor tire por tierra una declaración con la que seguro que estamos de acuerdo más del 95% de la ciudadanía navarra, por su odio visceral a todo lo que a él le huela a ataque feminista.
En esta declaración se proponían “barbaridades” como que “El Parlamento de Navarra reconoce el trabajo y la contribución de las mujeres científicas e investigadoras, y en particular de las científicas navarras, como referentes imprescindibles para las futuras generaciones de niñas y jóvenes” o que “ratifica su compromiso de dar prioridad a la eliminación de las barreras que dificultan su carrera profesional y su acceso a puestos de responsabilidad”.
No admitir las desigualdades evidentes con las que parten las mujeres en el ámbito profesional de la ciencia, como en prácticamente todos los sectores laborales, es no querer ver la realidad. Que sufran más presión que sus compañeros, que vean su trabajo ninguneado y que en muchas ocasiones los señoros de siempre valoren más sus culos que su currículums sigue siendo el pan nuestro de cada día, por desgracia.