Por si fuera poco el sindiós en la izquierda, también el PNV ha votado contra la prohibición del burka y el nicab en el espacio público. A cambio propone la creación de una subcomisión de estudio con el fin de evitar la estigmatización y defender los derechos de estas mujeres, así, literal. Yo he recordado de nuevo a Evaristo y aquello de “señores diputados, la situación es extremadamente grave, debemos hacer un consenso para meterlo dentro de un marco, ¡qué monada!”.
Con lo fácil que era asentir con asombro que, por supuesto, ¡vaya discusión más estúpida!, cómo no rechazar el uso en la calle de esas prendas bárbaras y humillantes, siendo nuestro origen católico, nuestra memoria democristiana y nuestra deriva a gusto del consumidor, sin olvidar el credo nacionalista, el humanismo europeísta y el sentido común. Vamos, que lo tenía a huevo para evidenciar lo evidente. Tampoco costaba decirle a Vox que a otro perro con ese hueso, ahí no nos pillas, menuda gilipollez montar una encerrona con un debate tan escasamente debatible. Hay que trabajar más, Santi. Pues nada, no curres, se han tragado el anzuelo.
Lo que urge es una subcomisión de estudio al respecto, ya que prohibir sólo sirve para exacerbar estereotipos relativos al islamismo (sic) y fomenta la intolerancia, también literal. Así que a los clásicos dilemas de derecha o izquierda, vasquismo o españolismo, ya les viene a hacer sombra otro: estamos locos o qué. Y aún se preguntarán que qué de qué. Antaño se le llamaba ideología, la que fuera, pero había alguna. Ahora, a saber. Y mañana, seguro, a favor de la prohibición, con retraso y a desgana. O sin melindres y a full. Lo que rente.