Hace unos días comentaba a dificultad que suponía para los deportes pequeños hacerse visibles en un canal como Teledeporte. El jueves, una vez más, se confirmó. Y es que apenas 96.000 personas vieron en directo cómo Oriol Cardona lograba la medalla de oro en la modalidad de Sprint de Esquí de Montaña de los Juegos Olímpicos de Cortina o cómo su compatriota Ana Alonso firmaba el bronce en la misma modalidad. 96.000 personas.

Una risa de cifra. La de Cardona es la segunda medalla de oro de España en la historia de unos Juegos Olímpicos, 54 años más tarde de aquella que hizo legendario a Paquito Fernández Ochoa, y la de Alonso es la segunda femenina 34 años después del bronce de Blanca Fernández Ochoa.

Las finales de mujeres y hombres fueron a las 13.55 y 14.15, en plena desconexión territorial, pero nadie en el ente público reaccionó para doblar la retransmisión a La 2 o hacer algún cambio de alguna clase y emitir las pruebas en diferido al comienzo de Mañaneros en La 1 a las 14.30, con audiencias muy superiores. Se repitieron a la noche en diferido en Teledeporte y obtuvieron cifras mejores, pero apenas 170.000 espectadores.

Y estamos hablando de unos Juegos Olímpicos. La sensación que hay desde fuera es que, pasados los efluvios de los Juegos de Barcelona’92, desde hace ya años no hay un impulso real por parte del ente público a los deportes que necesitan de su apoyo para darse a conocer y llegar a audiencias más masivas. Es cierto que la audiencia está muy fragmentada y que es complejo llamar su atención con fórmulas tradicionales, pero las cifras suelen estar ahí: cuando coges un evento y lo anuncias con margen de tiempo y lo metes en La 2 o La 1 el volumen de espectadores se multiplica.

No entiendo que esos canales solo estén para algún partido de fútbol o basket, alguna etapa ciclista y poco más. El deporte es mucho más que eso.