Si en el Osasuna-Real Madrid de este sábado no hubiera existido el VAR: 1. Budimir se habría comido una tarjeta amarilla en vez de marcar un gol de penalti por el pisotón que le dio Courtois. Y 2. A Raúl García de Haro le habrían pitado un fuera de juego inexistente –el listomari del linier ya había levantado la bandera, con un exceso de vista muy merengón–. Y Osasuna habría perdido 0-1, y se habría quejado para nada, y en los medios nacionales txunda txunda con lo bueno que es el Real Madrid... En suma, como antaño, como cuando, por ejemplo, a Juanfran le sacaban dos tarjetas amarillas en el mismo partido por supuesta simulación, tras sufrir sendos pisotones alevosos en el área del Real Madrid. El VAR está lejos de ser una tecnología perfecta, porque sigue sin usarse bien con los grandes –léase piscinazos–, pero incluso así es una bendición para Osasuna. Cuesta mucho más atracarle.
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