Sánchez se quitó de encima las amenazas de romper toda relación comercial con el Estado español en una comparecencia de apenas 10 minutos. Ratificó la posición del Gobierno de impedir el uso de las bases militares de Rota y Morón para que aviones de EEUU pidieran participar en lo bombardeos a Irán.
Apeló a la ilegalidad de un ataque junto a Israel que no respeta las mínimas reglas del orden internacional y apoyó su de decisión en los compromisos en este ámbito de la Unión Europea, cuyos principales dirigentes además de Bruselas fueron mostrando su apoyo a la posición de Sánchez frente al nuevo chantaje de Trump, que no disimula en sus continuos pronunciamientos su desprecio absoluto por la UE y los valores que la fundaron.
Trump ha empezado una guerra incierta empujado por Netanyahu sin pasar por el Consejo de Seguridad de la ONU ni siquiera someter la decisión la Congreso de EEUU. Se dice que la primera víctima de la guerra, antes incluso de comenzar, es la verdad. Y es cierto. Basta recordar, por no ir más atrás en el tiempo, la gran mentira de Aznar y sus conmilitones de la foto del trío de las Azores, Bush y Blair, sobre las armas de destrucción masiva en Irak. Nunca existieron, pero fue la excusa para iniciar una guerra que casi 20 años después sigue dejando un largo lastre de cientos de miles de muertes y una inestabilidad permanente.
Como en Libia, Sudán o Siria, etcétera. O la mentira de la invasión de Afganistán en nombre de la democracia y los derechos humanos. Al menos, ahora sabemos que las guerras de la OTAN no tienen nada que ver con la democracia ni los derechos humanos. Tras la guerra, más miles de muertos y 20 años de ocupación del país, una huida apresurada y los talibanes siguen al mando, las mujeres sometidas al burka y de la democracia y los derechos humanos ni pista. Las razones son otras. Si la verdad es la primera víctima, los soldados que revientan en la batalla y los civiles la mayoría mujeres, niños y niñas y ancianos, son los grandes pagadores de la frivolidad bélica. La guerra solo trae destrucción, muerte y miseria.
También una interminable fila de perdedores. De nuevo retornamos a principios del siglo XX con el grito de ¡No a la Guerra! Gerrarik ez!, quizá la mayor movilización por la paz, en Navarra y el conjunto de Euskal Herria, en el Estado español y en el conjunto del mundo en defensa de la paz frente una guerra ilegal e inmoral como fue la de Irak. Tan ilegal e inmoral como está de ahora en Irán y todas las anteriores. Aún recuerdo aquella frase de Anguita de “malditas las guerras y los canallas que las hacen”.
A Sánchez se le pueden reprochar y criticar muchas cosas, y reconocer otras, pero lo que no se le puede negar es su capacidad intuitiva de la política. La apelación del ¡No a la guerra! que centró su respuesta a Trump es una conexión anímica directa con buena parte de la sociedad española y europea creo.