Korrika llega este domingo a Iruña tras dos días recorriendo buena parte del territorio de Iparralde y de Navarra. Bajo el lema Euskera gara, la 24 edición de korrika está siendo un nuevo acto de respaldo multitudinario que recorre calles y barrios y pueblos. Que empezase un año más precedida de polémicas no ha le restado un mínimo de apoyo popular. Las lenguas unen, no confrontan a los ciudadanos, y aunque el euskera es uno de los consensos básicos pendientes en esta tierra espero que antes que después también seamos capaces entre todos de conseguirlo.
Desde su primera edición en 1980, la situación del euskera ha evolucionado en positivo, gracias en buena parte al apoyo social y al compromiso de miles de familias y de ciudadanos con la defensa de la lengua y los derechos que asisten a sus hablantes. Una labor en la que han participado iniciativas privadas y públicas en consonancia con la amplía mayoría de la sociedad que apoya su desarrollo y normalización. Una actitud institucional que ha tenido y aún tiene sus puntos negros con formaciones políticas, sectores judiciales y sindicales dedicado a entorpecer su desarrollo, convirtiéndose en el único lugar de Europa donde se legisla o se entorpece la legislación en contra de una de las lenguas propias de la comunidad.
Es cierto que la educación, las políticas lingüísticas y el compromiso profesional o anónimo y permanente de miles de personas han logrado sacar al euskera de la situación agónica en que se encontraba tras la dictadura franquista. El euskera es una realidad positiva. Pero hace falta más: en primer lugar, desterrar las actitudes persecutorias y obstruccionistas que buscan su minorización. También desterrar las actitudes patrimonialistas y excluyentes que aún mantienen sectores vinculados al desarrollo y apoyo de la lengua navarrorum. Y además, impulsar el euskera como vehículo de comunicación, de desarrollo profesional, de uso académico... que le permita competir con otros idiomas con herramientas superiores. Del conocimiento al uso normalizado. Consolidar los avances de las últimas décadas camino de un futuro mejor y más efectivo.
No es fácil prever qué futuro le espera al euskera, pero, sin duda, buena parte del mismo dependerá del hacer conjunto entre vascoparlantes y no vascoparlantes. Y para ello sigue siendo necesaria pedagogía y colaboración. La normalización y desarrollo del euskera en este siglo XXI avanza en positivo y con una parte del camino de dificultades ya superado, pero quedan por recuperar aún a amplios sectores de la población para esta lengua. Sin olvidar que igualmente hace falta insistir en los ámbitos euskaldunes en que el viaje no está ni siquiera a medio recorrido, que una lengua necesita para estar viva utilidad social, respaldo institucional, uso habitual y presencia social. La consolidación del euskera como lengua propia, útil y necesaria y como bien cultural de sumo valor siguen siendo sin duda los retos los de este presente y futuro inmediato. El euskera se lo merece.