Osasuna se enfrenta este sábado al Barcelona, en el clásico día que marca si vas a seguir con opciones de aspirar a plazas europeas o por el contrario te tienes que quedar con la nada despreciable alegría de permanecer un año más entre los grandes. Estuve en El Sadar el domingo pasado y supongo que tuve parecida sensación a la de muchos: a pesar de las ocasiones, hasta el 0-1 parecía que el Sevilla se jugaba más que nosotros. Fueron los cambios y el vernos abajo lo que, no sin bastante de fortuna, nos llevo a ese éxtasis del 2-1 casi en el minuto 100. Este sábado llega un Barca que si gana y el domingo no lo hace el Real Madrid ante el Espanyol se proclamaría campeón de Liga, pero que cuenta con 11 puntos de ventaja a falta de 15 para disputarse y que, por eso mismo, quizá no se quiera jugar el físico en cada partido porque tiene días por delante para alzarse con el campeonato. Lógicamente, no van jugar con fuego pero ese margen y la presencia de muchos internacionales que hipotéticamente se están jugando el Mundial cae algo en nuestro favor.

Eso siempre y cuando, claro, se salga a ganar, a buscarle la vuelta al equipo dominador de los dos últimos años y a acogotarles cuando se pueda y resistir supongo que bastante tiempo. No está sencillo meterse en Europa. Nunca lo ha estado para un club como el nuestro y así lo demuestra que de 44 temporadas en Primera hemos viajado por Europa en 5. Este año aún no se sabe si van a ser 6, 7 u 8 las plazas que den paso a las competiciones continentales, pero el 6º puesto está ahora mismo a 2 puntos. No va a haber ningún encuentro sencillo, pero tampoco ninguno inviable, así que a ver si somos capaces de no salir con esa especie de telarañas con las que jugamos muchos minutos del domingo pasado y le plantamos cara a un Barcelona que, ojalá, puede caer en la dinámica de no estar al 100% tras una temporada muy larga y lo que les queda a muchos de ellos.