Sin alarmas innecesarias, lo del brote en el crucero antártico sugiere que la despreocupación de irse de vacaciones se contagió a quienes debían velar por la seguridad de sus invitados. De momento va a servir para que aprendamos lo que son los hantavirus antes de olvidarlos de nuevo -a ver cuántos sabrían hoy describir lo que es un coronavirus, a pesar de la que lió el pangolín aquel de Wuhan-.

Se acordarán de ‘Verano azul’ -no mientan, que la han dado cien veces- y cómo cantaban “del barco de Chanquete no nos moverán”; pues bien, del crucero ha habido desbandada: una treintena de pasajeros admite la compañía que abandonaron el barco después de la primera muerte registrada, de la que nadie les dijo nada. Échales un galgo. A los que se han quedado les espera una cuarentena voluntaria que tendrán que cumplir por bemoles porque ya están buscando base legal para obligarles. Yo me apuntaría rápido porque, donde no llegue una conciencia responsable, el miedo sugiere que, si te da la tos, mejor rodeado de sanitarios.

La gota que colma

Defender sin agredir

El drama de perder el empleo. Hay que empatizar con el mal trago de ver tu empleo en el alero. Cuanto más cerca se ve el precipicio, más fácil que la ira sustituya a la legítima defensa. Lo peor que puede pasar, además de la propia pérdida del empleo, es la pérdida de la convivencia. En Tubos Reunidos, el mal trago es compartido pero buscar soluciones trae discrepancias. Hay quien pide buscarlas sin huelga y quien pide huelga porque no ve el modo de buscarlas. Pero lo que no debe admitirse es el señalamiento, el insulto, la agresión. Quien levante barricadas deberá mantener la templanza en sus filas.

O del séquito de uno, como Isabel Díaz Ayuso. Sabrán que está en México provocando al personal con homenajes a Hernán Cortés, que debe de ser la mejor solución a las listas de espera de la sanidad madrileña. El caso es que el efecto escaparate de la presidenta se le volvió en contra cuando una concejal de Aguascalientes aprovechó que iba a ser homenajeada para protestar por la carencia de agua de los vecinos. Pues allí salió a desalojar a la regidora local... ¿la seguridad mexicana? No: Paco García, jefe de gabinete adjunto de Ayuso y mano derecha de Miguel Ángel Rodríguez, que debió pensar que allí hacía falta el espíritu de Cortés y poner orden entre los indígenas para proteger a su centaura. La tontería retórica tiene su razón en que, cuando los conquistadores aparecían a caballo, algunos pensaban que jinete y animal eran uno y, dado que la presidenta madrileña actúa como si fuera a reconquistar Nueva España...