“Nos estamos alejando de un sistema de comercio internacional equilibrado y estable que se basaba en la interdependencia positiva y en reglas acordadas mutuamente, y ahora nos encontramos en un entorno más difícil e inestable, marcado también por la competencia desleal y el uso de las dependencias mutuas como arma”. Esta es una frase literal en la alocución de bienvenida en la reunión de esta semana de los ministros del G7 –el grupo de países de economías más potentes que forman Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, Reino Unido y Estados Unidos–, en la que han analizado la situación de la economía mundial. Vaya con el trabalenguas. Queda claro que van a hablar de lo tuyo.
Mi vecino Ramón no me habla de Ormuz, no lo coloca en el mapa porque no le hace falta –no nos hace falta a nadie– y solo sabe que “nos están jodiendo a base de bien con la guerra y el petróleo”. Tampoco le han recitado nada tremendo en reuniones oscuras de círculos del mal, de rojos o así, pero también me dice que “el Trump está loco”. La locura sirve para ponerle el manto de la explicación cuando no sabemos cómo explicarlo. “Te trinca el ICE y te mandan a la cárcel”, le digo. Calla. “Anda majo”, replica y añade que lo de los gorilas en Estados Unidos lo ha visto por la tele. “Menudos brutos”.
A Ramón, no le salen las cuentas cuando va a la compra, me bufa y busca el ticket. Confirma que ha comprado cuatro cosas, “no, cinco, que el nietico viene a comer”, y puntea con el dedo en el papel el listado y los euros que se ha gastado. Ni un capricho, subsistencia pura y dura, relleno para la nevera que dura un par de horas.
Se prevé que en 2026 los precios generales de los alimentos aumenten un 2,9% como consecuencia de la guerra, afirman los medios, y no hay que recurrir a ningún estudio mayor o mejor para confirmar que todo se ha convertido en un lujo. Los alimentos en España han acumulado una subida superior al 30% entre 2019 y principios de 2026. El Índice de Precios de los Alimentos que calcula la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) subió en abril por tercer mes consecutivo, debido a los elevados costes energéticos y las problemáticas causadas por el conflicto en Oriente Medio, dice en su informe de ayer mismo. Alguno se está forrando y viene de lejos, pero con esto de la guerra con Irán todo parece salirse de la razón de forma disparatada y no se ve final a medio plazo. “¿Dónde queda Ormuz?”, me mira Ramón.