Las elecciones locales y regionales celebradas este viernes en Reino Unidoapuntan a una crisis que trasciende a los partidos y sugiere la necesidad de repensar el modelo político británico. Los resultados que iba arrojando el escrutinio desde el principio dibujan un panorama devastador para el laborismo de Keir Starmer, pese a su determinación de continuar liderándolo, pagando la errática gestión en la que han sufrido principios asociados al progresismo. La consecuencia de su desplome es que se cuestiona ya la estabilidad de su Gobierno y la continuidad de su propio liderazgo.
Sin embargo, la lectura más trascendente de este Super Thursday no es el fracaso de Downing Street, sino la confirmación de quiénes han logrado erigirse como un verdadero dique de contención democrático. Frente a la preocupante ola reaccionaria que significa Reform UK –que acredita que el germen del populismo que forzó el Brexit sigue vivo–, los soberanismos escocés y galés han demostrado ser un anticuerpo eficaz.
El SNP en Escocia y el Plaid Cymru en Gales no ocultan su relato soberanista desde el sentido de identidad y anhelo de autogobierno. Este soberanismo de raíz cívica se ha mostrado capaz de frenar la ola creciente del populismo de Nigel Farage, frenando en seco su penetración y ratificando que las naciones sin Estado poseen herramientas políticas propias para repeler a la extrema derecha.
El contraste con Inglaterra resulta revelador. Allí, el partido de Farage ha avanzado sin oposición, fagocitando antiguos feudos obreros con su relato del descontento. Solo el Partido Verde, con el discurso nítidamente progresista y social que Starmer ha decidido abandonar, ha logrado rescatar en territorio inglés parte del voto cedido por el laborismo. A su vez, la incomparecencia del Partido Conservador le aleja de opciones reales de gobierno y de ser la alternativa habitual de un bipartidismo que hoy está quebrado.
Es en las naciones históricas donde se pueden hacer fuertes en Europa los valores democráticos, los principios del derecho y la igualdad frente al populismo ultra que ofrece meras estrategias de absorción, asimilación y concentración de poder. La defensa institucional y las libertades civiles pasan por fortalecer la soberanía frente a la inoperancia de dinámicas de poder instrumental centralizado.