Ocurrió entre el 7 y el 12 de mayo de 1951. Ahora se cumplen 75 años de una movilización sin precedentes en Pamplona. Una huelga apenas conocida que se fraguó donde, a veces, nacen las grandes revoluciones: en un mercado. En el recién inaugurado Mercado del Ensanche pamplonés, abierto en 1948. Aquel 7 de mayo de 1951 amaneció como un motín contra el alza del precio de los huevos y terminó convirtiéndose en la primera huelga general contra el franquismo en Navarra.

Pero la chispa que prendió la mecha tuvo manos femeninas. Manos que trabajaban, cocinaban, cuidaban, tejían o fregaban. Aquel día, miles de mujeres se alzaron no solo contra el precio de los huevos, las cartillas de racionamiento o las colas del hambre; también contra un régimen de miedo y silencio. Muchas eran hijas, madres y nietas de una guerra que aún dolía y seguía resonando en la zona abisal de una memoria secuestrada. Aquella huelga, que llegó a ocupar titulares en la prensa internacional, sorprendió tanto a la propia ciudad como al resto del mundo. Y lo hizo porque estalló en la ciudad matriz de la Cruzada. Una ciudad que, en apenas quince años, entre 1936 y 1951, pasó de ser símbolo de la sublevación franquista a escenario de una rebelión popular.

La fuerza de aquella huelga no se explica solo porque las pamplonesas participaran en las protestas, sino porque fueron sus protagonistas indiscutibles. Rompieron el mito de una Navarra franquista y unánime; encarnaron el sujeto más inesperado de la rebelión; convirtieron el hambre y los cuidados en una cuestión política y quebraron el miedo colectivo. Su presencia en las calles resultó profundamente disruptiva para un régimen que no supo cómo interpretarlas. Quizá por eso su memoria fue silenciada durante décadas. Hasta ahora. Porque aquellas mujeres han regresado al Mercado del Ensanche, donde una exposición fotográfica las ha devuelto al lugar que siempre les perteneció: la historia.