Hará dos o tres semanas servidor lucía un color moreno de lo más majo, fruto de ese mes de abril tan fuera de lugar en lo climatológico pero tan agradable para el cuerpo y el alma. Temperatura media de 16 grados, de 22 las máximas, tropecientas horas de sol y ahí nos las den todas. Ayer, a la hora de redactar estas líneas, estoy verde. Tengo ese tono entre amarillo y verdoso que se te pone cuando por mucho que haya horas de sol éstas no son constantes ni agradables y el mes, que ayer pasó su ecuador, se parece mucho más a finales de marzo que a mediados de mayo.
Jornada invernal en Navarra: nieve a 700 metros y más de 60 litros en el norte
De hecho, fíjense: la temperatura media es por ahora dos grados más baja que en abril, la media de las máximas es 4 grados más baja y, en Pamplona, ya han caído unos 110 litros de agua en medio mes, superando con creces la media histórica de mayo. Sin ir más lejos, ayer nevó en buena parte del Pirineo y prepirineo y cayeron copos en localidades de apenas 700 metros de altitud. Y este parece que va a ser el panorama hoy y mañana, que se nos caiga encima la cornisa cantábrica, a la espera de que el lunes, por fin, comience mayo –solo ha habido 2 días con máxima de más de 20 grados, una ruina– y no sé si hasta octubre o no abandonemos de una vez por todas estos retornos al casi invierno que tanto, al menos a mí, nos cuesta atravesar.
Y es que por mucho que seamos de aquí y estemos acostumbrados a los vaivenes climáticos al final los huesos, los años y el espíritu lo que te van pidiendo cada temporada más acuciantemente es una cierta estabilidad y si es posible de esas antes mencionadas: máximas de 27-28, medias entre 16 y 20 y 22 para las piscinas y a gozar. Pero el clima es como la vida, te vuelve tarumba, al menos por estos lares, lo cual, por otra parte, no deja de ser un gran aprendizaje. ¿Nos podríamos ahorrar tanto aprender? Pues igual ya pasados los 50 que como que sí, ¿no?