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A PROPÓSITO

Jesús Barcos

Examen de posteridad

Examen de posteridadUnai Beroiz

Se han cumplido 35 años desde queAdolfo Suárez dimitió de la política tras el descalabro del CDS en las autonómicas y municipales de 1991. Aquel porrazo le hizo ver que era hora de plegar. Su tiempo había concluido tres lustros después de ser designado presidente del Gobierno por Juan Carlos I. Quince años se me antojaban un mundo en el 91, lo mismo que para los mocetes de hoy el 15-M o la victoria de Rajoy de 2011. El tiempo se vuelve elástico según soplamos velas y cambia nuestra perspectiva y hasta nuestra mente.

El recuerdo

Con el traje de piloto Suárez pretendió ensanchar la hoja de ruta, lo que sublevó al Estado profundo y terminó en el 23-F. Después de su dimisión presidencial el abulense tuvo su pegada con el CDS hasta que llegó el desengaño final y dijo aquello de ‘me quieren pero no me votan’. A partir de entonces, el drama familiar y el suyo propio potenciaron su reconocimiento. Suárez ha acabado siendo beatificado por la leyenda blanca, que no es la del Madrid, aunque se le parece bastante. Pero en su primera etapa combinó una extraña mezcla de osadía y desamparo, de fortaleza y debilidad, de atino y desatino. Un yin yang semejante por momentos al dePedro Sánchez.

El test al que se enfrenta Zapatero es durísimo: ante la Justicia, ante la opinión pública, ante el PSOE, ante la historia y ante sus propias hijas

La devaluación

¿Y Zapatero? Hasta ahora generaba afecto, respeto o consideración por quienes le presuponíamos una integridad dentro de las incoherencias que –hasta un límite– porta la política. Está por ver si fuimos crédulos, o no tanto o un poco, y si lo fueron algunos de nuestros seres queridos que ya no están para saberlo. Esas emociones también juegan estos días. Necesitamos conocer si estamos frente a un caso delictivo, frente auna detonación teledirigida o frente a ambas cosas a la vez. Para aclararlo Zapatero va a tener que gestionar un durísimo examen ante la Justicia, ante la opinión pública, ante el PSOE, ante la historia juzgadora y ante sus propias hijas. Sin duda, la prueba de su vida. Casi nada. Primer test, el 17 de junio. Examen de posteridad.

La hemorragia 

Los votos que Zapatero brindó a Sánchez en 2023 se los puede restar en 2026 o 2027. El PSOE contiene la respiración. Sánchez cumple 8 años en la Moncloa cuando el círculo parece cerrarse. Los socialistas andan desollados, visita de la UCO incluida a Ferraz. La hemorragia pende sobre Zapatero y el foco vuelve sobreCerdán. Estemos ante instrucciones impecables o censurables, el rosario tiene un cariz sistémico y puede dar más hierro a la extrema derecha.

El cráter

El PP arrastra tres lumbalgias: la de marzo de 2004, la de junio de 2018 y la de julio de 2023, yacaricia su ‘momentum’ de desquitarse. Justo cuandoAznararrea en ‘el que pueda hacer que haga’, marismeño del extremismo. La amenaza de la censura podría llevar a elecciones, aunque Sánchez es un corredor de fondo y saltar de un tren en marcha también comporta riesgos para los socios. Vuelven los deseosos de un PSOE espumoso con los poderes fácticos, aplacado ante un PP feroz o en el espejismo de otro más comedido. Pero Sémper no hace milagros, como mucho Feng Shui.

El debate

Pulsar una moción de censura requiere calibrar muy seriamente las consecuencias de dar la llave a un derechismo con tendencias ultras. Una vez se abra esa puerta no habrá fragancia que disimule el estropicio.

Que cada palo aguante su vela y cada partido piense bien a qué quiere jugar.