Las vacas y el coronavirus

09.07.2020 | 01:03

Por si prefieren ahorrarse leer estas líneas, les diré que no soy virólogo, inmunólogo ni epidemiólogo, ni aspiro a ningún máster en virología popular. Pero sé algo de tiro parabólico, y que el rozamiento que ofrece el aire a un cuerpo en caída libre es proporcional a la superficie que este le ofrece, mientras que el peso del mismo cuerpo y la carga viral que puede acoger son proporcionales a su volumen (por eso, las gotitas de agua más pequeñas que exhalamos se mantienen en el aire durante más tiempo, pero carecen de carga viral reseñable). También sé que hace doscientos años un médico rural de Inglaterra, Edward Jenner, observó que las granjeras que ordeñaban adquirían ocasionalmente una especie de viruela bovina por el contacto continuado con estos animales, y que luego quedaban a salvo de enfermar de viruela común. Pongamos que hablo de inmunidad. Por último, también sé que no es lo mismo que te caiga un ladrillo en la cabeza (aunque en algún caso pueda llegar a matarte) o que te caiga un palé de dos mil kilos macizado de ladrillos, que te manda al otro barrio seguro (importancia de la carga viral).

Con esas premisas, me parece que no es difícil concluir que para combatir la epidemia es fundamental que las cargas víricas importantes se queden en el entorno próximo del infectado. Por eso, es obvio que, después del mantenimiento de la distancia de alcance (tiro parabólico), lo más importante es evitar que llegue a producirse el tiro o que el disparo se frene en un primer parapeto, es decir, en una mascarilla, en una bufanda, en las manos, en los codos, en una tapia o en lo que sea.

A su vez, si las pequeñas cargas víricas, como aquellas cargas víricas primas hermanas de la viruela común, sirven para ir inmunizando a la población circundante, ¿qué sentido tiene la hiper higienización, la desinfección extrema, y el uso de geles hidroalcohólicos? (Obviamente no me refiero a la higienización propia de un centro sanitario, sino a la de las calles, centros escolares, hogares, manos, parques infantiles€). Con esa forma desaforada de combatir contra el bicho, ¿les sorprende que el índice de prevalencia de inmunizados sea tan bajo? Me da la impresión de que esa desinfección a que se están sometiendo muchos de ustedes (y al pobre medio ambiente) no solo no es interesante para combatir el virus, sino al contrario. Cuando lean en algún medio la confirmación, piensen en las vacas, por favor.

Alguien tendrá que explicármelo mejor, porque nos dijeron erróneamente que había que lavarse las manos muchas veces, que no hacía falta mascarillas y que no cabía el abrazo, cuando es justo al revés, cuando lo que es imprescindible es mantener las distintas distancias sociales o usar la mascarilla para impedir que atine el aliento en tiro parabólico. Y mantener las medidas profilácticas habituales, sí, las de siempre, lo cual no impide que pueda darse un abrazo bien dado. Expertos. Si Pasteur levantara la cabeza€

El autor es arquitecto y novelista

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