Sufriremos nuestros errores

30.11.2020 | 00:01

¿En serio? Pero, ¿cómo es posible?, fue mi pregunta incrédula. Hace apenas dos semanas, en una conversación en la escuela, un par de compañeras comentaban que dos personas en 4º de primaria y otra en 6º, sin necesidades especiales, no sabían leer ni escribir. Habían llegado hasta ahí sin repetir curso, y el proponerlo ahora resultaba ineficaz en su proceso evolutivo-cognitivo. En el intento de analizar a qué es debido un error-carencia pedagógica, a mi modo de ver alarmante y grave, me acerqué a la conclusión de que era un engranaje más de una larga cadena autoinmune. Hay niños/as que con 10 años se dirigen al maestro como "tío". Su familia me dice que en casa no habla así, y me preguntan si tendrá algo que ver que pasen horas solos/as viendo YouTube o idolatrando el videojuego Fortnite. La Secundaria aporta varios escenarios. Un sector poblacional que no quiere estudiar ni trabajar, y otra mucha gente direccionada hacia el titulismo de una universidad a la carta y un tanto opaca como institución. Para el resto, para las personas que van con asignaturas pendientes, "que no valen", la puerta de atrás inequívoca se llama Formación Profesional, señalada y apartada durante décadas. Se nos vendió la frase que como generación viviríamos mejor que nuestros padres, al tiempo que se cortó el traspasó de conocimientos que éstos poseían en lo que se vulgarizó como ser un manitas. Yo pasé por las dos. En la primera se me permitió estar matriculado durante dos años sin ir a clase. En la segunda recuerdo a un profesor de taller decirle a una compañera que ella no tenía sitio en una formación para ser mecánica de coches. Otro engranaje de la cadena llegó en el último concurso oposición para maestras/os en verano de 2019 en el que muchas de las calificaciones no pasaron del dos sobre diez, incluso hubo muchos ceros. Dos meses más tarde de las pruebas, un alto porcentaje de opositores con aquellas notas (que hubieran sido "muy deficientes" en tiempos de la EGB) comenzaron a ejercer en un nuevo curso escolar. El Congreso, cual gato con ovillo, sacó la LOE, la LOMCE, la Celaá y las que vendrán. A su aire. El poso invariable y común que observo en todo esto, desde la Educación Infantil hasta el hecho de que no haya personal para trabajar en Sanidad a noviembre de 2020, es que no se ponen límites ni existen consecuencias a lo largo del proceso. Como parte responsable de este caldo en ebullición, creo que sufriremos nuestros errores.