la carta del día

Esas 'cosas' de internet

17.05.2021 | 01:21
Esas 'cosas' de internet

Los cassetes remendados aún rodaban hasta hace poco a su ritmo lastrado dentro del viejo aparato. La última música que compré era un LP de finales de los setenta. Fueron unas Campanades a morts de Lluch que me traje de contrabando desde Andorra. Tras aquel gran cartón no volví a una tienda de ese género. Mi coche está aburrido de escuchar siempre los mismos CD mal grabados. Carezco de cultura musical, pero me apasiona la música. Ahora mismo escribo estas letras con fondo de chelo y me consta que las está elevando, empujando hacia su cima. Si el breve artículo sale inspirado, yo sé que, en buena medida, se lo deberé a la música que es mientras lo engendro.

Tras interminable espera, la ansiada fibra óptica ha llegado a nuestra aldea navarra, y con ella un río inagotable de música. Este hogar está a toda hora lleno de alegría. No habré de volver a la fría Andorra en pos de ninguna campanada. Las paredes vibran complacidas en todo momento. Con las tareas de casa el volumen es en su máximo. La escoba se deja asir también con gozo. Barrer con una música elevada es afán más que llevadero. Todo se lo debo a un cable que un amable venezolano trajo una fría y reciente mañana hasta mi hogar. Lo sacó de las entrañas de la tierra.

No puedo opinar de lo que no sé. Sólo aspiro a poner de fondo una música de armonía entre los y las diferentes. A ello nos invita siempre la lograda polifonía. Todo va muy rápido, pero es preciso también dirección adecuada y consciente. Dicen por el pueblo que pronto el venezolano tendrá que volver a sacar el revolucionario cable que instaló en nuestras casas, que en breve las autopistas de la información serán infinitamente más anchas y veloces.

La fibra llegue a todos los hogares antes de asomarnos a esa nueva y sorpresiva revolución. No está claro aún lo que implica la red 5G a nivel práctico y ciudadano, pero por lo visto con ella podremos descargar ingente música o películas en nuestro smartphone en menos de tres segundos, pero igual no había tanta prisa por vaciar las salas de cine. Nuestro coche será capaz de detectar y navegar automáticamente salvando los obstáculos del camino, pero quizá avanzamos más seguros con nuestras manos bien cogidas al volante. Los médicos podrán realizar procedimientos quirúrgicos complejos utilizando robots de forma remota, pero seguramente no habrá mejor bisturí que el guiado por una mano experimentada. Permanezcamos abiertos, siempre permeables a la sorpresa, pero es probable que los efectos contaminantes sean excesivos, que el perjuicio en la salud aventaje al virtual beneficio social y económico.

La inteligencia no tiene que estar en todo lo inerte, sí por el contrario la belleza, la armonía y la sostenibilidad. Con IoT (Internet of things) llevamos Internet a las cosas, ¿pero las cosas necesitaban Internet? Los hornos serán más inteligentes, pero el pan amasado con amor demanda más levadura madre y calor de leña que conectividad. Esa conexión que sea fundamentalmente con nuestra atención y cuidado. No pedimos tanto esa inteligencia a nuestras casas y edificios, sino amabilidad en sus formas, materiales nobles en sus paredes, placas solares en sus tejados, viabilidad en su futuro... Quizá nuestro móvil no debía echar tanto humo y descansar, no ponerse a controlar las persianas, la temperatura del hogar y el hinchamiento del bizcocho.

Quizá la velocidad no era lo más importante. ¿Era prioritario poner Internet a cuanto nos rodea? ¿Lo necesitaban en realidad o convendría esperar hasta cerciorarnos de que la red 5G no presente amenaza alguna para la salud? Nuestro momento es complicado al tiempo que apasionante. Deberemos unidos buscar ese siempre imposible punto de en medio, ese huidizo balance. Tenemos que aunar flujo y a la vez arraigo, futuro y Madre Tierra, adelanto y a la vez respeto a lo sagrado que en toda vida habita. No podremos correr si no es con todas nuestras vitales raíces enredadas. Sólo sé que tenemos que escucharnos y entendernos. Los de los senderos apacibles y los de las raudas autopistas; los que estamos por la música alta, los que la quieren un poco más bajito, los que amamos la sonoridad clásica y los rockeros. Sólo sé que en algún lugar deberemos encontrarnos...

Tenemos que oír nuestras diferentes melodías, no dispararnos. Tenemos que darnos la oportunidad de aprender los unos de los otros, los pro 5G y los anti 5G, en realidad los pros y los antis en todos las lides y abundantes controversias de nuestro presente intenso. Cada vez más ciudadanos estamos cansados de las etiquetas y sus estigmas, de las músicas insonorizadas, de las boîtes cerradas y blindadas. Queremos argumentos de unos y de otros con un fondo de amable chelo o incluso de desafiante batería.

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