Durante las últimas semanas se están registrando incendios forestales de gran magnitud en distintas regiones del planeta. La situación es especialmente grave en el hemisferio sur, donde el verano austral coincide con temperaturas extremas, sequías prolongadas y fuertes vientos, una combinación explosiva para el fuego.
Uno de los focos más preocupantes se encuentra en la Patagonia argentina, particularmente en la provincia de Chubut. Allí, los incendios han arrasado miles de hectáreas de bosque nativo, afectando áreas de altísimo valor ecológico y poniendo en riesgo a comunidades rurales y pequeñas localidades. En la Comarca Andina, las llamas han obligado a evacuar viviendas y zonas turísticas, movilizando a cientos de brigadistas, bomberos y medios aéreos.
Pero estos incendios no son hechos aislados. A escala global, los sistemas de observación por satélite detectan numerosos focos activos en América, África, Asia y Oceanía. Todo apunta a una tendencia clara y preocupante: temporadas de incendios cada vez más largas, más intensas y difíciles de controlar.
Por eso, no podemos seguir hablando de incendios forestales solo cuando llega el verano o cuando el fuego ya está fuera de control, como ocurrió el año pasado. Es ahora, en los meses previos, cuando debemos estar hablando, planificando y actuando.
Ahora es el momento de:
-Que los municipios elaboren o actualicen sus planes de actuación frente a incendios forestales.
-Que se promueva la creación y fortalecimiento de asociaciones de defensa forestal.
-Que los centros educativos revisen sus planes de autoprotección y conciencien a niños y jóvenes sobre las causas y consecuencias de los incendios.
-Que las empresas actualicen sus planes de autoprotección, prestando especial atención a la interfaz urbano-forestal, uno de los puntos más vulnerables.
-Que la ciudadanía se informe, se organice y adopte medidas preventivas en su entorno.
Si esperamos a actuar cuando llegue el verano, llegaremos tarde. La prevención no se improvisa: se construye con anticipación, coordinación y compromiso colectivo. Hablar de incendios forestales ahora no es alarmismo. Es responsabilidad. Es prevención. Es proteger vidas, bosques y futuro.