Ley ‘ómnibus’
Esto no es política. Esto es cinismo puro. La ley ómnibus se ha convertido en un ring donde la derecha y el Gobierno se golpean entre ellos, mientras millones de personas esperan fuera a que alguien recuerde por qué fue elegido.
La derecha miente. No bloquea esta ley por los desahucios. Los desahucios son su coartada, su excusa perfecta, su máscara. Si les importaran las familias vulnerables, no habrían desmontado cada protección social cuando tuvieron poder.
Bloquean porque no quieren que el Gobierno saque nada adelante. Aunque eso signifique congelar pensiones, retrasar ayudas y joderle la vida a la gente. Pero el Gobierno tampoco puede esconderse. Porque cuando sabes que tu rival va a votar “no” haga lo que haga, insistir en meterlo todo en el mismo paquete no es valentía. Es soberbia. Es convertir la política en una competición de relatos mientras la gente espera soluciones reales.
¿Quién decidió que 10 millones de pensionistas tenían que ser rehenes de una pelea política? ¿Quién pensó que era aceptable decirles: o ganamos todo o no ganáis nada? ¿Desde cuándo defender a los más vulnerables exige bloquear medidas que sí podrían aprobarse hoy mismo?
El “o todos o ninguno” suena muy bien en un atril. En la vida real es cruel. Porque cuando no se aprueba nada, los únicos que pierden son siempre los mismos.
Separar las medidas no es rendirse. Separarlas es gobernar. Separarlas es dejar a la derecha sin excusas. No hacerlo demuestra que también al Gobierno le interesa el choque, aunque el precio lo paguen millones. Esto ya no va de ideología. Va de responsabilidad.
Mientras unos bloquean con hipocresía y otros se enrocan en su superioridad moral, la gente sigue pagando alquileres imposibles, esperando ayudas que no llegan y mirando con miedo el próximo recibo.
Aquí no hay héroes. Hay culpables. Y lo verdaderamente insoportable no es que se peleen, sino que usen a la gente como escudos humanos.
Luego se preguntarán por qué la gente está harta, por qué no confía, por qué se radicaliza.