Los Caídos vs. El Fuerte de San Cristóbal
Titulaba hace unos días Aitor Silgado (arquitecto) su artículo en el periódico “Un jurado de chiste”, refiriéndose a quienes van a dictaminar el futuro del Monumento a los Caídos y en el que sólo hay dos arquitectos, de confianza de Asirón. Él mismo, como profesor de Historia del Arte, abogados, una periodista y un técnico en Electricidad industrial y menos mal, una experta en memoria histórica. Se supone que hay alguien más en ese concurso internacional de arquitectura para la transformación del Monumento a los Caídos y su resignificación, pero la verdad es que no sé si son las personas mejor indicadas para esta actuación. Se trata de un proyecto urbano y patrimonial que va a reseñar a la ciudad. De antemano tres partidos políticos han llegado a un acuerdo sobre qué elementos se van a eliminar o modificar. No es de extrañar que el Colegio de Arquitectos se haya apartado de su redacción, porque consideran que el concurso no es libre, y viene con ideas impuestas desde la política, no desde un criterio técnico.
Ya me dirán ustedes para qué han servido los estudios, ideas y proyectos que se hicieron hace un año, las diversas opiniones que entonces dieron distintos colectivos, entre ellos reputados arquitectos y la Institución Príncipe de Viana, responsable del patrimonio histórico y cultural de Navarra, que supongo algo sabe sobre restos, vestigios, huellas y ruinas de nuestra Pamplona. Ella misma decía que la protección del edificio había que mantenerla tal y como estaba y ahora estamos otra vez como al principio, vuelta a promover un concurso de ideas sobre lo mismo, cuando ya se había hecho bajo el mandato del mismo alcalde (2018).
Me entero que también sale ahora la resignificación que se va a hacer en el Fuerte de San Cristóbal, también llamado de Alfonso XII. En este caso se unen el Gobierno central y el de Navarra para hacerlo conjuntamente, porque consideran que está vinculado históricamente con nuestra propia historia y que es un bien de interés cultural. En palabras del propio ministro de Memoria Democrática de España Ángel Víctor Torres: “La firma del protocolo ha sido un día grande para nuestra historia”. En el Fuerte se harán visitas escolares porque todos debemos estar implicados en el conocimiento de nuestra historia para que lo que ocurrió hace 90 años no pueda volver a pasar. Y yo digo: ¿no debería hacerse un paralelismo entre estos dos monumentos? ¿Por qué uno hay que destruirlo y el otro resignificarlo? O sea, éste último hay que protegerlo y arreglarlo porque forma parte de nuestra historia y el otro, el de los Caídos, ¿por qué hay que derribarlo? ¡¿No es historia nuestra también? Para bien o para mal, estemos o no de acuerdo, todo es historia y de todo se aprende. Dice el filósofo Karl Pooper: “Nuestros errores son tan instructivos como nuestros aciertos”.
Hace un año escribí en este periódico que todos los monumentos y restos que nos han ido dejando los distintos pobladores que han pasado por nuestra península, y lo mismo en todos los países, son Historia, y se deben conservar para enseñar a las generaciones futuras su legado. Unas veces será positivo y otras negativo, pero siempre será bueno para aprender ó para no caer en el mismo mal. De todo, se puede sacar provecho.
El monumento del que hablamos para unos es abominable, despreciable; les trae, dicen, recuerdos del franquismo y hay que derribarlo. Otros creen que se puede ver en él un museo memorial de lo que se decida poner, que para eso seguro que habrá alguien con alguna idea ingeniosa. No podemos borrar de la historia esa etapa porque existió. Es lo mismo que el Holocausto, también existió, pero ahí tenemos los restos de los campos de exterminio para poderlos visitar, reflexionar y que los humanos no volvamos a caer en esa barbarie en la posteridad. A nadie se le ocurre pensar que hay que hacerlos desaparecer. Conservemos todo lo que es historia, tanto si nos agrada como si no.