Dos semanas después de llegar al sillón de la Alcaldía, en junio de 1991, mandó una excavadora para tirar, por dos veces, las barracas políticas dos días antes de San Fermín. Y lo hizo sin que le temblara la mano. La medida, según justificó entonces, estaba “aplaudida por la mayoría del pueblo de Pamplona”, decía. Así era el alcalde que tuvo la ciudad entre 1991 y 1995, que llegó al cargo después de haber sido concejal con UCD en la oposición, primero, y responsable de Urbanismo con UPN, después, y al que la Cámara de Comptos le sacó los colores cuando en el informe de su tercer año de gestión (el de 1993) el órgano fiscalizador criticó duramente que “el sistema de contratación directa (a dedo)” había sido “el procedimiento seguido por el 92% de las adjudicaciones del ejercicio”. Más aún, “se aprecian importantes deficiencias e infracciones de la normativa reguladora de la contratación pública en todas las fases del proceso de adjudicación”, censuraba. Y por aquello, había quienes le conocían popularmente, y más en sorna que otra cosa, como míster 10%. Un artículo de El País de la época así lo reflejaba.

En 1991 Alfredo Jaime lanzó el Chupinazo con José María Pérez Salazar y Joakintxo Ilundáin. PATXI CASCANTE

Este informe demoledor de Comptos fue también decisorio en la salida de Alfredo Jaime, que en 1995 abandonaría la vida municipal y no se presentaría a la reelección como alcalde. Las crónicas de la época recogen que en 1994 se creó una comisión de investigación dentro de UPN y hasta Juan Cruz Alli, compañero de partido, y entonces Presidente del Gobierno de Navarra, pidió aquel año su dimisión por las presuntas irregularidades en la gestión urbanística municipal. Le acusaba de, entre otras cuestiones, “indicios de prevaricación”, en el caso de Talleres Iruña. Jaime continuó en el sillón de Alcaldía, pero la guerra con Alli fue tal que fue uno de los detonantes que acabaría después con la salida de este último del partido y la fundación de CDN. Por su parte, Alfredo Jaime fue parlamentario foral de UPN hasta 2007, se jubiló y en 2010 fue trasplantado de corazón. Después se convirtió en un jubilado activo, y no faltó a actos sociales de la vida pamplonesa.

Alfredo Jaime visita en 1992 las obras del aparcamiento de la plaza San Francisco. CHEMA PÉREZ

Alfredo Jaime pasará a la historia por su vehemencia para unos, autoritarismo para otros, y en cualquier caso por sus maneras altisonantes. Pero también por sus salidas con gracia. En aquellos años 90, preguntado por una periodista de esta casa en su descanso estival en Zarautz, le vino a reconocer que quien se lleva un libro en vacaciones es porque se aburre. La frase protagonizó una campaña de Batzarre en la que el primer edil aparecía con un libro sobre la cabeza y cara de simio.

De parkings y puentes

En su mandato, se impulsaron los aparcamientos de Blanca de Navarra, la plaza de San Francisco y el de la plaza de toros. Todos ellos con sonoras manifestaciones de la ciudadanía detrás. Se construyeron los puentes del Vergel y de Oblatas (figuran en el informe de Comptos entre las obras sospechosas de gestión), y en 1991 acabó denifitivamente con el Rastro de la Txantrea y se lo llevó al Plan Sur. Una década antes de que lo hiciera Barcina, él ya quiso meter El Corte Inglés en el centro de la ciudad, pero chocó de frente con el pequeño comercio. Y más cosas. Impulsó el hermanamiento con la ciudad alemana de Paderborn en 1992, de su mano se inició la creación del parque de Yamaguchi, y fue el primero que suspendió el Riau riau. Y fue el alcalde que presidió la primera boda civil de la historia, el 8 de abril de 1995, aunque llegó a manifestar sus dudas con la legalidad del acto.

Alfredo Jaime ordenó hasta en dos ocasiones tirar con una excavadora varias barracas políticas. XABI

La suspensión del Riau riau en 1991 fue el broche negro a unas fiestas que comenzaron ya crispadas. La prohibición de Alfredo Jaime de montar 26 barracas, ante lo que se plantaron los colectivos populares, acabó con la entrada, hasta en dos ocasiones, de la excavadora y la demolición de cinco de ellas.

El Chupinazo, que precisamente lanzaba Alfredo Jaime (con Pérez Salazar y Jokintxo Ilundáin, en el 50 aniversario del cohete desde el Ayuntamiento) fue una batalla campal de lanzamiento de huevos, tapones y botellas. Aún por la tarde, fue peor en el Riau riau. Por primera vez en su historia no salió. Jaime tuvo un accidente en las escaleras del Ayuntamiento y acabó el 6 de julio ingresado en el hospital. D.E.P.